Resumen de El banquete

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El banquete resumen de libro

Clásico de la literatura

  • Filosofía
  • Antigua Grecia

De qué se trata

El amor es el camino a la sabiduría

El tema central en El banquete de Platón es el amor. Es él quien inspira la búsqueda de la verdad y el intento por lograr la inmortalidad, dice Sócrates, el personaje central del texto. Antes de formular esta conclusión, los participantes del simposio (bacanal) discuten sobre la esencia del amor. Con destreza retórica, intentan imponerse unos sobre otros. La lectura se vuelve entretenida por el hecho de que algunos de los poetas y literatos presentes también son pareja. Las escenas de celos y el doble sentido adornan los discursos serios y el vino se sirve hasta altas horas de la madrugada. En esta ronda, en la que abundan las relaciones homosexuales, la idea de Platón de que las relaciones entre un hombre y una mujer son superiores, adquiere aún mayor peso. Según él, el amor, al igual que la búsqueda de la verdad, debe producir algo. Este es un clásico de la literatura. Aunque han pasado casi 2.500 años desde su publicación, sigue mereciendo ser leído.

Ideas fundamentales

  • El banquete es una de las principales obras del filósofo Platón.
  • En la antigua Grecia, un simposio era una reunión social que solía tener lugar entre las clases sociales altas.
  • En El banquete de Platón, diez participantes de un simposio filosofan sobre la esencia del erotismo, del amor. Entre ellos se encuentra el famoso Sócrates.
  • Una vez que varios de los presentes han expresado su parecer sobre el tema, Sócrates toma la palabra.
  • Un detalle mordaz del texto son no solo las diferentes relaciones amorosas, sino también los celos entre los oradores.
  • El amor homosexual era usual en la Grecia antigua. Con frecuencia, el amante de mayor edad se convertía en el padre filosófico del más joven.
  • A diferencia de otras obras de Platón, El banquete no está estructurado a modo de diálogo, sino que contiene siete discursos largos.
  • Platón aplica su teoría de las ideas para abordar el tema: solo quien desarrolla una idea del amor es capaz de comprenderlo.
  • Como es usual en sus obras, Platón pone sus propias ideas en boca de Sócrates.
  • La diferencia entre el amor más bajo, puramente físico, y el amor más alto y espiritual sigue atravesando el arte y la literatura aun en nuestros días.
  • El banquete motivó a Sigmund Freud a definir al eros como una de las pulsiones vitales del ser humano.
 

Resumen

El banquete

Sócrates se dirige a un banquete en casa de Agatón. En el camino se encuentra con Aristodemos y lo invita a acompañarlo, aunque él no está invitado. Al llegar, el anfitrión saluda con calidez a Aristodemos y le pide que se siente junto a Erixímaco. Sócrates, sumido en sus pensamientos, permanece afuera, lo que desconcierta a los presentes. Después de un rato, Sócrates se suma al grupo, se recuesta junto a Agatón y elogia irónicamente su aparente sabiduría. Tras la cena, se dedican a los placeres de la libación. Pausanias confiesa que todavía le dura la resaca del día anterior. Todos confirman que quieren que esta reunión sea más breve. Erixímaco trae a colación el tema de Eros: ya es hora de que se rindan alabanzas a este antiguo e importante Dios. Es él, Erixímaco, quien decide que los participantes reunidos alrededor de la mesa den sus discursos de alabanza siguiendo el orden del sentido de las agujas del reloj, empezando con Fedro.

El discurso de Fedro

No existen datos de que Eros haya tenido padres; es por ello que debe ser el dios más viejo. Según Hesíodo, al principio, antes de que Eros pisara la Tierra, reinaba el caos. Así, él es quien hace el mayor bien a los hombres; eso significa que, para un muchacho, lo mejor es tener un amante virtuoso y, para un amante, lo mejor es amar un objeto virtuoso. Además, el amor hace que los hombres y las mujeres hagan cosas buenas, porque si hicieran algo malo, deberían avergonzarse frente a sus seres amados, más que frente a cualquier otra persona.

El discurso de Pausanias

Hay dos imágenes de Afrodita, la diosa del amor: la versión anciana de Afrodita, es también llamada la Afrodita celestial. La otra es la malvada, la terrenal. También existen dos tipos de Eros, pero solo debe adorarse al dios que conduce a un amor bello. El amor terrenal solo aspira a la satisfacción física y se encuentra tanto en los hombres como en las mujeres. El amor celestial, por el contrario, solo se encuentra entre los hombres.

“¿No es una vergüenza, Erixímaco, que para otros dioses existan himnos y peanes, dedicadas a ellos por los poetas, pero que, para Eros, un dios tan antiguo y tan poderoso no haya ni siquiera un poeta, entre los muchos que existen, que le haya dedicado un discurso de alabanza?”.

Sin embargo, cada ciudad reacciona de diferente modo frente las relaciones amorosas entre hombres. En algunas ciudades están mal vistas, porque el gobierno teme que los hombres desarrollen un sentimiento comunitario inapropiado. En otros lugares, esos vínculos son criticados por cuestiones morales y los padres incluso contratan educadores para proteger a sus hijos de los amantes. Pero lo que decide si algo es bello o feo no es lo que se hace, sino el modo en que se hace. Así, por ejemplo, el buen amante no abandona al ser amado solo porque ha envejecido, sino que se queda unido a él toda la vida, porque su relación va más allá de lo físico. A su vez, para el ser amado es bueno entregarse si su amante puede darle sabiduría y educación.

“Puesto que un amante no querrá ser visto por su amado cuando abandona su puesto o arroja su arma. Más bien preferirá morir”.

Después de Pausanias, es el turno de Aristófanes, el escritor de comedias. No obstante, justo en ese momento, tiene un ataque de hipo, por lo que señala al doctor Erixímaco para que lo cure o para que hable en su lugar. El médico promete hacer ambas cosas.

El discurso de Erixímaco

Eros es un principio elevado que no solo interviene en las relaciones interpersonales; también atraviesa la naturaleza y el cosmos. Los opuestos se atraen, y la enfermedad y la salud se atraen; en consecuencia, están unidos. En este sentido, vale lo que ya dijo Pausanias: no es posible ceder a lo feo, a lo malo. La música es un arte que sabe cómo unir a los opuestos: la consonancia es el principio de la armonía y del ritmo. Lo mismo rige para la ciencia: aquí es importante acercarse a la musa celestial Urania y mantenerse lejos de la terrenal y malvada musa Polihimnia, pues como musa del placer musical, es ella quien abre la puerta al desenfreno. Los científicos también deben ayudar al buen Eros a imponerse, porque gran parte de los males del mundo crece en el desorden y el desenfreno; es decir, que del Eros malvado surgen las pestes, las tempestades y los crímenes.

El discurso de Aristófanes

Los hombres todavía no han comprendido el poder de Eros. Para entender la verdadera esencia de este dios amigo de los hombres es necesario regresar al tiempo antes del tiempo. Entonces no había dos sino tres sexos: las mujeres, los hombres y los andróginos, es decir, los seres con dos sexos. Su forma era redonda y tenían dos cabezas y dos cuellos, cuatro brazos, cuatro piernas y dos genitales. Eran seres fuertes y seguros de sí mismo. Pero cuando se volvieron demasiado poderosos para Zeus, el dios resolvió dividir a los hombres bola por la mitad para debilitarlos. Los partió por la mitad y el dios Apolo curó las heridas del corte cociendo sus vientres. Así surgieron los ombligos. Los nuevos bípedos no hacían más que buscar a su otra mitad, para abrazarse a ella sin importar si era un hombre o una mujer. Su deseo por la parte perdida era tan grande que olvidaban comer y morían. Entonces Zeus se compadeció de ellos y desplazó los genitales hacia adelante para que pudieran procrear y lograr la satisfacción sexual.

“Por eso afirmo que, entre los dioses, Eros es el más antiguo y honorable y el más útil para hacer que los hombres alcancen la virtud y la felicidad, tanto en la vida como en la muerte”.

Desde entonces, todos buscan a su otra mitad. Los que antes eran hombres ahora buscan un hombre como amante, los muchachos ya lo hacen. Y estos muchachos, por su naturaleza, son los más masculinos y son los que de adultos lograrán grandes cosas en la política. También tendrán hijos, porque las normas así lo exigen, pero en realidad se interesan por los hombres. Es decir que estos muchachos aman a los hombres no porque son desvergonzados sino precisamente por su masculinidad. Las mujeres unidas a otras mujeres cuando eran una bola ahora buscan una mujer; mientras que las figuras andróginas buscan el otro sexo. La mayor emoción posible para cualquiera de estos seres es reencontrarse con su antigua pareja. De estas ansias de lograr un todo crecen la amistad, la intimidad y el amor.

“No todo el mundo es bello y merece ser adorado, solo aquellos que nos instan a amar la belleza”.

Después de este discurso, Sócrates incluye a Agatón en un diálogo sobre su calidad como orador, pero Fedro se interpone y le exige a Agatón que dé su discurso de loas a Eros.

El discurso de Agatón

No es la influencia de Eros sobre los hombres lo que debe alabarse sino al dios mismo. A diferencia de lo que opina Fedro, Agatón no cree que Eros sea el más viejo de los dioses, sino el más joven, y, además, considera que nunca envejece. Si bien su apariencia es delicada, es poderoso, valiente, reflexivo y sabio. Y también es el que trae a los hombres paz, ternura y encanto.

“Entre los dioses, es el más cercano a los hombres, es su ayudante y un médico para sus heridas. Su sanación brindaría al género humano la mayor de las felicidades”.

Los oyentes aplauden admirados y Sócrates dice que ya había intuido que el excelente discurso del joven muchacho le traería dificultades. Sin embargo, considera que en su alabanza hay algunas incorrecciones. Los asistentes acordaron alabar a Eros, sin importar si lo dicho es cierto o no.

Pero a él, a Sócrates, le importa la verdad y no la alabanza. En una discusión con Agatón, Sócrates le pregunta si Eros es perfecto o no. Agatón titubea y finalmente responde que debe ser imperfecto, porque el amor siempre es una búsqueda de algo que no se tiene. La reacción de Sócrates no se hace esperar: Eros ama la belleza; entonces, la belleza es algo que le falta. Agatón confiesa entonces que hasta ahora no ha logrado comprender a Eros.

“Desde hace mucho tiempo, el amor es parte de los hombres. Hace que los seres originales se reencuentren e intenta hacer que los dos vuelvan a ser uno para sanar así la naturaleza humana”.

Sócrates relata entonces una charla con Diotima, una mujer inteligente que le obsequió su sabiduría en cuestiones amorosas. En una de sus conversaciones hablaron sobre la identidad de Eros.

El discurso de Sócrates

En aquel momento, Diotima contradijo a Sócrates con los mismos argumentos que él acaba de usar con Agatón: Eros no es la belleza; él está a la búsqueda de la belleza y la verdad y, por ello, es imperfecto. Diotima le hizo notar que entre la sabiduría y la ignorancia existe la opinión correcta. No todos tienen una justificación precisa para poder dar una opinión correcta, y eso los convierte en ignorantes. Según su opinión, eros no puede ser bello, pero eso no permite concluir directamente que es feo. Más bien, existe algo entre la belleza y la fealdad, que es lo que lo describe. Además, puesto que es imperfecto, no puede ser un dios, porque los dioses son perfectos. Así, Eros debe ser una mezcla de hombre y dios, un demonio que comunica a los hombres con los dioses.

“Este deseo, estas ansias por lograr la perfección es lo que llamamos amor”.

Diotima le dijo también que Eros sí tiene padres: Poros (el dios de la abundancia) y Penia (la diosa de la pobreza). Poros se había emborrachado con néctar y Penia aprovechó este momento para abusar de él y robar sus semillas. Es por eso que Eros siempre será pobre, anda descalzo y no es bello sino desgreñado; pero es fuerte e inteligente y, como un filósofo, siempre está detrás de la sabiduría, aunque nunca la alcanza. Siempre está entre el tener y el no tener, entre el saber y el no saber. Eros no es el ser amado (que nos parece bello y deseable), sino más bien el amante (que no necesariamente debe ser bello).

“Mi querido Agatón, si le respondes a Sócrates le dará igual cómo siguen las cosas aquí. Es que solo le basta con uno para seguir dialogando, especialmente si ese uno es bello”.

Según Diotima, un hombre pasa por cinco estadios del amor a lo largo de su evolución. Primero se interesa solo por el cuerpo, luego no solo se interesa por un cuerpo determinado sino por todos los cuerpos bellos. En el siguiente estadio comprende que el cuerpo no lo es todo: por eso busca un espíritu bello. A este amor le sigue el amor a todo lo bello de espíritu y moral. En el cuarto estadio, el hombre alcanza el amor a las ciencias y al conocimiento. Finalmente, en el quinto y último, ama la belleza en sí misma. El amor se esfuerza por encontrar la belleza, por crear belleza, y alcanzar así la inmortalidad, pues el amor solo puede subsistir a través de la creación de algo nuevo. Sócrates recibe muchos elogios por su discurso.

“Porque la sabiduría pertenece a los más bellos, pero Eros es el amor a la belleza, por lo que necesariamente debe ser un filósofo”.

Es el turno del joven Alcibíades, que ya está bastante borracho. Cuando ve a Sócrates, le recrimina haberse recostado junto al más bello de los presentes, Agatón, y de despreciarlo a él. Sócrates le responde que se siente acosado. Para tranquilizarlo, Alcibíades lo adorna con cintas y con una corona, se nombra a sí mismo el director del encuentro y exige que todos sigan bebiendo, al tiempo que hace circular una jarra por la ronda. Alcibíades anuncia que dará un discurso de alabanza, pero no a Eros sino a Sócrates.

El discurso de Alcibíades

Sócrates es un demonio que confunde a los hombres, como lo hacen los flautistas. También es posible compararlo con un Sileno, una horrible mezcla de caballo y hombre: como él, es desagradable por fuera, pero por dentro está repleto de imágenes doradas. Tiempo atrás, Alcibíades trató de seducirlo, pero Sócrates lo rechazó. Después fueron juntos a la guerra y Sócrates, que resultó ser extraordinariamente valiente y duro, salvó a Alcibíades de una situación desgraciada. Sócrates aparece primero como amante, pero luego se convierte en el ser amado, es decir, en aquel que es inalcanzable.

“Es que, Sócrates, todos los hombres son productivos, tanto con sus cuerpos como con sus mentes y, una vez que han alcanzado la edad adecuada, nuestra naturaleza nos hace desear crear. Sin embargo, no es posible crear en la fealdad, solo podemos hacerlo en la belleza”.

Sócrates reacciona diciendo que la única función de este discurso es separarlo a él de Agatón, ya que Alcibíades está enamorado del joven. Para amargura de Alcibíades, Agatón se recuesta entonces junto a Sócrates. Ingresan algunos trasnochados y el banquete continúa hasta tempranas horas de la madrugada.

“La caracterización general más segura de la tradición filosófica europea es que consiste en una serie de notas a pie de página de Platón” ( – Alfred North Whitehead).

Sócrates sigue discutiendo y argumenta que un escritor de tragedias también debería poder escribir comedias, y al revés. Por la madrugada, abandona al grupo y se dirige al lykeion (liceo), donde toma un baño. Luego pasa un día normal y regresa por la noche a su casa.

Acerca del texto

Estructura y estilo

A diferencia de los otros textos platónicos, construidos a partir de diálogos en los que ponen a prueba diferentes tesis y contratesis, El banquete es un informe estilizado. El informante es Apolodoro, quien, a su vez, ha recibido la información de boca de Aristodemos, uno de los participantes del banquete. El informe está constituido por una secuencia de siete discursos, y entre ellos aparecen algunas disputas breves.

Los discursos muestran los diferentes estilos de los oradores. Sócrates utiliza palabras claras y confía en el poder de su argumentación. Pausanias tiene un estilo similar, pero está más concentrado en tratar de convencer a su audiencia. Fedro se deja llevar por su entusiasmo juvenil. El doctor Erixímaco representa al científico ilustrado. El escritor de tragedias, Agatón, habla con un tono solemne, que busca ser efectista, pero su discurso está vacío de contenido. El escritor de comedias, Aristófanes, relata el mito de la media naranja e introduce con ello un cambio en el curso del contenido de los discursos: todo lo dicho hasta ese momento es bello solo en apariencia. Es Sócrates quien expresa con las palabras de la sabia Diotima el elemento central del simposio.

Enfoques interpretativos

  • En el centro del Banquete está Eros, que representa tanto al dios como al eros humano, es decir, al amor y la sexualidad. Según Sócrates, el amor siempre debe estar dirigido a algo y, por ello, nunca puede ser perfecto, sino que siempre está en busca de la perfección. El eros, en definitiva, es la búsqueda de la inmortalidad, ya sea en el amor a través de la creación, o en la filosofía, a través de la consecución de la sabiduría. El eros simboliza la búsqueda eterna de la verdad y la belleza.
  • Para la bella Diotima, la forma más elevada del eros es la creación, no el amor homosexual entre hombres. Citando a Diotima, Sócrates expresa que la homosexualidad y el amor por los muchachos es una forma de autoenamoramiento y que, por lo tanto, los oradores anteriores a él están enamorados de sí mismos.
  • En el texto se manifiestan las diferentes relaciones amorosas que existen entre los oradores. El juego agridulce y cargado de celos entre los amantes y los amados atraviesa todo el relato y se presenta al mismo tiempo como una de las ideas centrales del texto: el amor es una búsqueda.
  • Platón era un discípulo de Sócrates. En sus diálogos siempre pone sus propias ideas en boca de su mentor. Sócrates habla hacia el final del banquete. Platón presenta todas las otras opiniones antes de confrontar al lector con su propia postura.
  • Nietzsche consideraba que El banquete era una señal de la huida del mundo: una huida de lo que hay en el mundo de las ideas, del amor y la belleza. Otros autores opinan, por el contrario, que Platón formula la idea del amor como parte de su teoría de las ideas: sin una idea del amor, el amor no puede existir.

Antecedentes históricos

In vino veritas: el simposio griego

“Banquete” es un término utilizado con frecuencia, aunque erróneamente, para traducir el término symposion. No se trata de una comida abundante, sino de una reunión social en la que se bebe mucho. Pero, aunque el vino –y las borracheras– desempeñan un papel importante, el symposion (simposio) de la Grecia antigua no debe confundirse con una reunión de borrachines. El marco de los encuentros, implicaba rendir culto al dios Dionisio, y acercarse a él a través del alcohol.

El concepto de in vino veritas ya existía en aquél entonces, pero solo cuando se expresaba en forma controlada. Se escogía un simposiarca, que establecía la secuencia de los discursos y de las bebidas, a la vez que se aseguraba de mantener el orden. Además, prestidigitadores, flautistas y comediantes eran invitados a animar la velada. De los participantes se esperaba virtuosismo, es decir que, luego de la bacanal, debían poder regresar solos a sus hogares. Al comienzo de la velada, todos se reunían alrededor de un altar, se lavaban las manos y adornaban con flores y joyas. También traían vino como ofrenda y cantaban algunas canciones: las escolias, que, con frecuencia, estaban pensadas para ser cantadas solo en los simposios, lugar donde también solían originarse.

Un componente importante del simposio era la conversación culta y perspicaz, el intercambio intelectual entre los participantes. Por lo general, los discursos se dictaban sin preparación previa. Una de las prácticas preferidas era tratar de encontrar comparaciones precisas. Las adivinanzas también eran muy apreciadas. En Las leyes de Platón es posible leer cuál era el procedimiento adecuado para llevar a cabo un simposio.

Origen

El banquete se originó alrededor del año 380 a.C., es decir, antes o al mismo tiempo que La república, la principal obra de Platón. Forma parte de los llamados diálogos intermedios, por lo que sigue a la obra temprana del autor, en la que todavía no había abordado su teoría de las ideas. El banquete es parte de la teoría que el pensamiento humano se estructura a través de las ideas, es decir, de las representaciones o de los conceptos, lo que nos permite reconocer y comprender el mundo.

En forma paralela a El Banquete, Platón escribió el diálogo Fedro, otra de sus obras centrales. Luego de haber dedicado muchos de sus escritos al raciocinio humano, en El banquete se concentra en los sentimientos. El tío de Platón, Critias, ya había escrito un texto sobre el mismo tema, pero lamentablemente no se ha conservado. Y en Lisis, uno de sus diálogos tempranos, Platón se había ocupado en forma superficial del dios Eros: allí el tema central era la amistad.

El banquete en casa de Agatón está vinculado con un hecho el año 416 a.C., en el que Agatón invitó a sus amigos a su casa en Atenas para festejar el éxito que obtuvo su primera obra dramática.

Influencia

Además de Platón, el general del ejército e historiador griego Xenofón también escribió una obra titulada Symposion, aunque no es posible datarla con precisión. Xenofón también era un discípulo de Sócrates. La obra es parte de los llamados escritos socráticos y su estructura es fuertemente dialógica, a diferencia del Symposion de Platón, con sus extensos discursos. No está claro en qué medida existe una influencia entre los textos de Platón y Xenofón, pero, por momentos, los oradores de Xenofón parecen parodiar los himnos eróticos de Platón. No obstante, también es posible que Platón se haya visto influido por Xenofón.

Después del de Platón, en la antigüedad clásica se escribieron muchos simposios, aunque con otros temas. Así, por ejemplo, encontramos los de Epicuro, Aristóteles y Plutarco o, en Roma, los del emperador Julián. También hay varias obras renacentistas que siguen el modelo del Symposion, como las de Giordano Bruno y Voltaire. Y hasta Conrad Ferdinand Meyer se inspiró en Platón para escribir un poema, Das Ende des Festes (El fin de la fiesta).

El pintor Anselm Feuerbach creó un cuadro del banquete platónico. En él representa el momento en el que el Alcibíades, borracho, irrumpe en la ronda y es saludado por el anfitrión, Agatón, mientras Sócrates sigue discutiendo sin percatarse de lo que sucede. Se trata de una crítica a la ebriedad y una defensa del diálogo concentrado como camino a la sabiduría. Sigmund Freud veía en Eros una de las pulsiones del alma, lo que provocó que El banquete se volviera conocido entre los científicos.

Sobre el autor

Platón es considerado uno de los más grandes pensadores filosóficos de todos los tiempos. Junto con su maestro, Sócrates, y su discípulo, Aristóteles, constituye la trinidad que da inicio a la filosofía occidental. Platón nació en el año 427 a.C. en Atenas; fue hijo de Aristón, el sucesor de Codros, último rey de esa ciudad. Debido a su origen aristocrático, la vida de Platón parecía trazada desde un principio. Pero la política rápidamente dejó de interesarle al ver que sus dos tíos, Cármides y Critias, fueron dos de los 30 tiranos que gobernaron Atenas. Se trataba de una oligarquía impuesta a los atenienses por Esparta tras ganar la guerra del Peloponeso en el año 404 a.C. Desde ese momento, Platón vio a la política con cierto desdén, pero no se alejó por completo. Se convirtió en discípulo de Sócrates y condenó con gran dureza su ejecución en el año 399 a.C. A partir de ese momento, Sócrates se convirtió en la figura central de sus escritos filosóficos: 13 cartas y 41 diálogos filosóficos se han conservado hasta nuestros días. Tras la condena de Sócrates, Platón escapó a casa de Euclides en Megara, a 30 kilómetros al oeste de Atenas. Luego siguió el viaje a la colonia griega de Cirene (hoy Libia), Egipto e Italia. En el año 387 a.C. regresó a Atenas y fundó una escuela: la academia. Su plan de estudios incluía clases de astronomía, biología, matemática, teoría política y filosofía. Su discípulo más famoso fue Aristóteles. En el año 367 a.C., Platón tuvo la oportunidad única de poner en práctica el ideal político de su obra clave, La república: siguiendo la fama de Dion en Siracusa, viajó a Sicilia para instruirlo en el arte de gobernar, pero el experimento fue un completo fracaso. Platón murió en Atenas en el año 347 a.C.


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