Resumen de Historia de la Guerra del Peloponeso

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Historia de la Guerra del Peloponeso resumen de libro

Clásico de la literatura

  • Historia
  • Antigua Grecia

De qué se trata

El inicio de la historiografía

Entre las grandes mentes de la historia intelectual, casi nadie había tan avanzado como Tucídides en su época. A la humanidad le tomó casi 200 años darse cuenta de su importancia como inventor de la historiografía moderna, una omisión sorprendente, porque, en su planteamiento, el propio autor menciona con palabras claras su revolucionario concepto: lo que importa es “el conocimiento claro del pasado” y “por tanto, también del futuro”. No había expuesto “solo el relato de los mejores”, sino que más bien exploró “lo que había visto por sí mismo y los relatos de otras partes que tenían la mayor exactitud posible…”. Su afán por la verdad no era un fin en sí mismo, sino que buscó patrones y regularidades en los acontecimientos de la Guerra del Peloponeso e indagó sus causas bajo los motivos superficiales. Así, logró vincular el conocimiento histórico con el conocimiento de la naturaleza humana: en el ansia de poder y el miedo vio impulsores invariables de la acción humana. Para preservar esta comprensión y ayudar así a las generaciones futuras a estructurar su destino, Tucídides escribió uno de los libros más apasionantes e inagotables de la historia de la literatura.

Ideas fundamentales

  • La Historia de la Guerra del Peloponeso es una de las obras fundamentales de la disciplina de la historiografía.
  • Contenido: En la Grecia del siglo V a. de C. se enfrentan dos poderosas alianzas, la Liga de Ática y la Liga del Peloponeso, es decir, Atenas y Esparta, en una guerra de 27 años por la supremacía.
  • El libro se interrumpe a la mitad de una oración; falta la descripción de los últimos seis años de la guerra.
  • Más allá de la mera descripción de los acontecimientos de la guerra, Tucídides ofrece un análisis objetivo de las causas y las relaciones.
  • Según Tucídides el curso de la historia se basa en la naturaleza humana inmutable como causa. Por ello es considerado el padre espiritual del realismo político.
  • No está claro si Tucídides escribió el libro en una sola fase de trabajo o si contiene reunidos diferentes textos antiguos, posiblemente corregidos incluso en retrospectiva.
  • El propio Tucídides participó en la guerra como capitán ateniense.
  • Puesto que su misión de mantener la seguridad de la ciudad de Anfípolis fracasó, fue desterrado de Atenas y regresó a su patria solo 20 años después.
  • En ese entonces Atenas se encontraba bajo la influencia de la Ilustración jónica, un giro espiritual hacia la razón y el carácter científico.
  • Cita: “El ateniense Tucídides describió la guerra que sostuvieron los peloponesios y los atenienses; comenzó desde el principio de ella con la esperanza de que fuera más importante y memorable que todas las anteriores”.

Resumen

Antecedentes

La guerra de 27 años entre atenienses y peloponesios fue la mayor guerra de la historia de Grecia. Las partes beligerantes estaban ambas en el apogeo de su poder. Tanto Esparta como Atenas habían fundado numerosas colonias y juntos habían rechazado dos intentos persas de invasión, en los que los atenienses se adjudicaron el papel protagónico. Mientras duró la amenaza externa, las ciudades restantes se reunieron en torno de una de las dos grandes potencias, lo que, después de la derrota final de los persas, creó la base para la rivalidad entre Esparta y Atenas.

El caso de Epidamno

A diferencia de Esparta, Atenas siguió una política exterior agresiva. La Liga Ática, originalmente una alianza protectora de la cual muchas ciudades se beneficiaron, resultó ser provechosa solo para Atenas, que sometió a sus aliados mediante la exigencia de un tributo. Como los oprimidos recurrían con frecuencia a la Liga del Peloponeso en torno a Esparta, aumentaron las tensiones entre las dos grandes potencias y había enfrentamientos militares con mayor frecuencia. Un tratado de paz debería haber traído la calma, pero resultó efímero. La ruptura final, al igual que en general toda la guerra, se derivó de la situación geopolítica: Atenas estaba en el mejor camino para convertirse en un poder hegemónico, así que Esparta tenía que actuar. El detonante concreto de la disputa fue la ciudad de Epidamno que, después de ser rechazada por su ciudad madre, Corcira, buscó la protección de la ciudad de Corinto del Peloponeso para defenderse de los ataques de los bárbaros. Esto llevó a la guerra entre corintios y corcirenses. Los corcirenses se dirigieron a Atenas en busca de ayuda y se concretó una alianza de protección. Los atenienses enviaron diez barcos a Corcira y participaron en una batalla naval que los corintios consideraron una violación al acuerdo de paz. En ambos lados se acordó la guerra.

La primera fase de la guerra

La rica Atenas, bajo el mando del hábil estadista Pericles, buscó su salvación en la construcción naval y en la fortificación de la ciudad. El Ática circundante fue abandonada. Durante años las tropas peloponesias invadieron el Ática una y otra vez para devastar y saquear la tierra, mientras la población buscaba protección dentro de las murallas. En respuesta la flota ateniense volvió inseguras las aguas del Peloponeso. Esparta, bajo el mando del rey Arquídamo, se consideraba la libertadora de Grecia, oprimida por Atenas, y en repetidas ocasiones intentó inducir a los aliados individuales a abandonar Atenas, pero esta reaccionó a dichas acciones con extremo rigor y envió 40 barcos contra la renegada Mitilene en Lesbos y, más tarde, 100 hoplitas (soldados de a pie) que sitiaron Mitilene. Los peloponesios prometieron ayuda, pero nunca llegó. Finalmente, Mitilene tuvo que rendirse. Por el contrario, en otro escenario bélico los peloponesios se impusieron y acabaron con la ciudad beocia de Platea, cuyos habitantes buscaban una alianza con Atenas.

El primer éxito de la acción

En Acarnania, aliada de Atenas, se libró una enorme batalla en la que la fortaleza de Olpas fue conquistada por tres mil hoplitas de la cercana Ampracia, de la Liga del Peloponeso. El capitán espartano Euríloco dirigió las tropas auxiliares del sur de Etolia y los atenienses también enviaron un ejército de acarnanios bajo el mando del capitán Demóstenes. Sobrevino la batalla. Una hábil maniobra de Demóstenes llevó a los acarnanios y atenienses a una victoria absoluta. Al año siguiente, en el séptimo año de la guerra, una flota de atenienses que se extravió debido a vientos adversos desembarcó en Pilos, en el Peloponeso occidental. Puesto que Demóstenes le atribuyó una importancia estratégica al lugar, mandó colocar fortificaciones. Cuando se enteraron los espartanos, también llamados lacedemonios, llegaron pronto al lugar con su flota y su ejército. Pero la suerte de la batalla estuvo de lado de los atenienses. No solo fue derrotada la flota peloponesia, sino que los espartanos también sufrieron una desgracia muchos más dolorosa: habían estacionado a 400 hoplitas frente a Pilos, en la isla de Esfactería, para asegurar la entrada de su flota. Ahora, estos estaban aislados. Los atenienses tomaron la isla por asalto, capturaron a los espartanos sobrevivientes y los llevaron a Atenas como rehenes.

El viento cambia de dirección

La moral de los peloponesios se debilitó. Atenas, por el contrario, ahora tenía ventaja y se sentía lo suficientemente fuerte como para atacar a la ciudad de Mégara. Pero cuando el capitán espartano Brásidas intervino con un gran ejército, los atenienses despejaron el campo. Mientras Brásidas luchaba contra Tracia para inducir a los aliados ateniense de ahí a cambiar de opinión, las tropas atenienses invadieron la vecina Beocia y ocuparon el santuario de Apolo en Délos. Los beocios movilizaron un ejército e infligieron una dolorosa derrota a los invasores. También en Tracia la situación cambió: Brásidas conquistó la colonia ateniense de Anfípolis. Esta demostración del poder espartano alentó a más ciudades de la península de Calcídica a buscar la adhesión a la Liga del Peloponeso. Para detener esta dinámica, Atenas buscó una tregua, que los peloponesios aceptaron.

Primero tregua, luego paz, después otra vez disputa

Sin embargo, el pacto pronto quedó sin valor. Ambos lados se acusaban de la ruptura del contrato. Poco antes de la expiración del plazo acordado de un año, hubo un gran estallido en el que el capitán ateniense Cleón intentó reconquistar Anfípolis, pero fue abrumadoramente derrotado por Brásidas. Ambos capitanes murieron en la batalla, con el resultado de que tanto del lado ateniense como del peloponesio se impusieron las fuerzas que insistían en un acuerdo de paz. Después de diez años de guerra se firmó un verdadero acuerdo de paz; todas las conquistas, al igual que los prisioneros, tenían que ser devueltas. De los 50 años estipulados, la alianza se mantuvo vigente durante seis años y diez días puesto que muy pronto se presentaron hostilidades indirectas. Asimismo, muchas de las exigencias tampoco se cumplieron: Atenas no soltó Pilos y Esparta retuvo Anfípolis. El foco de los acontecimientos se desplazó ahora al Peloponeso, donde los aliados de Esparta desafiaron su supremacía. Así que Argos y Corinto fundaron una alianza especial y otras ciudades siguieron su ejemplo. Atenas intentó sacar ventaja de la lucha por el poder en el Peloponeso. En particular, el astuto Alcibíades hizo alianzas con los opositores de Esparta.

La guerra en Sicilia

En Sicilia, la poderosa Siracusa, un establecimiento corintio, buscaba apoderarse de la supremacía. Los habitantes de la ciudad de Egesta se dirigieron a Atenas, su potencia protectora. Atenas quería usar el pretexto para someter, en un cálculo estratégico, primero a Sicilia y después a toda la región. Ciertamente Nicias advirtió sobre los riesgos de la empresa, pero finalmente Alcibíades convenció a los atenienses de llevar a cabo una expedición contra Siracusa y se hicieron a la mar con un poderoso ejército. Sin embargo, acabando de llegar a Sicilia, Alcibíades fue destituido porque tenía que enfrentar las demandas judiciales de sus opositores políticos que lo acusaban de actos blasfemos. Alcibíades sospechaba que lo calumniaban y escapó a Esparta. Bajo el mando de Nicias, los atenienses lograron apostarse frente a Siracusa. Ganaron una primera batalla campal, pero no pudieron transformar la ventaja en una victoria completa, por lo que trataron de cercar la ciudad con una muralla. Los siracusanos, bajo el mando de Hermócrates, le pidieron apoyo a Esparta, donde, mientras tanto, Alcibíades tejía sus hilos, enviaba tropas y al capitán Gilipo, que debía coordinar la defensa de los siracusanos. Entonces cambió la situación cuando los siracusanos repelieron un ataque ateniense. Además, lograron impedir que los atenienses completaran su muralla mediante la construcción de una contramuralla.

De sitiadores a sitiados

Entonces, de pronto, los atenienses tuvieron que luchar por su supervivencia. En una carta urgente Nicias expuso la situación a los que se quedaron en casa: el hambre, la sed y la caballería enemiga hacían más difícil la vida para las tropas, los soldados estaban desanimados y sin fuerzas y cada vez más se pasaban a las filas enemigas. Nicias recomendaba la retirada, pero Atenas envió refuerzos. A las órdenes de Demóstenes y Eurimedonte, 73 barcos se dirigieron a Sicilia, pero incluso esto solo trajo un alivio pasajero. Mientras tanto, casi toda Sicilia estaba detrás de los siracusanos, que, a todas luces, tenían grandes recursos. Desesperados, los atenienses abandonaron sus posiciones en tierra firme y se lanzaron al mar, pero también aquí los siracusanos mostraron su fuerza y empujaron los barcos atenienses hacia la costa, donde las tropas siracusanas esperaban a los atenienses que huían. La caída de la noche los salvó por el momento y decidieron huir por tierra, pero en el camino los atenienses fueron atacados repetidamente por la caballería de los siracusanos. Aquellos sufrieron pérdidas terribles y, finalmente, fueron capturados y obligados a rendirse incondicionalmente al enemigo. Los capitanes Nicias y Demóstenes fueron asesinados, siete mil soldados fueron tomados prisioneros y toda la flota fue confiscada.

La democracia en peligro

La alguna vez orgullosa Atenas estaba derrotada, pero se rearmó otra vez. Era necesario evitar los ataques de los espartanos que se habían apostado en Decelia, directamente frente a Atenas. Los aliados fueron cayendo uno tras otro e incluso las ciudades neutrales se quitaron ahora la careta y se dirigieron contra Atenas. Ciertamente, Atenas fue capaz de someter de nuevo a algunos de los asociados infieles, pero por cada fuego extinguido, surgían dos más. Mientras tanto, los peloponesios eran en ese momento iguales a los atenienses en el mar, sobre todo ahora que se habían aliado con los persas. Sin embargo, Alcibíades los persuadió de no hacer uso de todo su peso a favor de Esparta. Según su argumento, Atenas y Esparta deberían debilitarse mutuamente para que, de esta manera, fueran más fáciles de manejar. Con esta jugada, Alcibíades pretendía afianzarse en Atenas, ya que en el Peloponeso su estrella estaba en declive. Sin embargo, los atenienses lo condenaron a muerte por traición y se pasó con los persas, cuyo gobernador Tisafernes era su amigo.

“El ateniense Tucídides describió la guerra que sostuvieron entre sí los peloponesios y los atenienses; comenzó desde el principio de ella esperando que fuera más importante y memorable que todas las anteriores””.

Alcibíades tramitaba ahora su regreso a Atenas. Se puso en contacto con las fuerzas oligárquicas de la patria y les dio esperanzas de recibir apoyo de los persas. Sin embargo, un requisito previo era la abolición de la democracia. Si bien la alianza con los persas no cambió nada, el movimiento oligárquico en Atenas recibió un impulso. Sin embargo, hubo un golpe de Estado y se designó un consejo de 400 miembros para los asuntos de gobierno. Pero una acción paralela en Samos, donde estaba la flota ateniense, fracasó; soldados y marineros se rebelaron contra el nuevo régimen. Esto otra vez se apartó de Alcibíades, que evidentemente había frustrado la alianza prometida con los persas. Alcibíades se pasó en seguida al lado demócrata y fue elegido capitán en Samos.

Voltereta hacia atrás

La resistencia contra el nuevo régimen surgió en Atenas. Entre los 400 miembros del consejo se formaron partidos, con lo cual se creó una fracción moderada que, bajo ciertas condiciones, recomendó un retorno a la democracia. Cuando una flota peloponesia se presentó frente a Atenas, la disputa entre moderados y extremistas se intensificó: los acusados tenían la intención de entregar la ciudad a los peloponesios. Sin embargo, al contrario de lo que parecía, los barcos navegaron más allá de Atenas; de inmediato los atenienses enviaron su flota detrás. Frente a la costa de Eubea, cerca de la ciudad de Eretria, ocurrió una batalla naval. Los peloponesios ganaron. Los habitantes de Eretria masacraron a los atenienses que huían. Ahora la separación de Atenas de la vecina Eubea era estratégicamente mucho más importante. Además, el puerto de Atenas estaba ya sin protección efectiva. Por suerte, los peloponesios titubearon y no aprovecharon la oportunidad de capturar el puerto del Pireo. Los 400 fueron depuestos. El nuevo sistema de gobierno fue una mezcla equilibrada de democracia y oligarquía.

Acerca del texto

Estructura y estilo

La descripción de Tucídides de la Guerra del Peloponeso sigue el curso de los acontecimientos “en orden, como ocurrieron, organizados según los veranos y los inviernos”, dice el autor. Además, afirma haber completado la presentación, pero el texto que sobrevivió se interrumpe en medio de una oración, por razones desconocidas, en el año 21 de la guerra. La división de la obra en ocho libros fue realizada posteriormente por una mano desconocida. Tucídides comienza con un prólogo breve, luego sigue con un resumen de los inicios helénicos y explica su concepto metodológico antes de pasar al relato propiamente dicho. Se introduce un segundo prólogo donde termina la primera fase de la guerra mediante la firma de la llamada paz de Nicias. Incluso el título Historia de la Guerra del Peloponeso es un ingrediente de la posteridad; ponerle título a un libro no era usual en la época de Tucídides. En su mayor parte, Tucídides narra de una manera sencilla, mediante la cual se esfuerza en ser objetivo y solo surge como personaje en opiniones aisladas. Sin embargo, la vista de pájaro es interrumpida muchas veces por el autor para reproducir textualmente discursos públicos. También utiliza el diálogo en una parte. Reconoce que no le preocupa la complacencia lingüística, lo que no impidió que sus contemporáneos y críticos posteriores lo acusaran de presentar un estilo seco, oraciones demasiado cortas y una redacción insuficiente.

Planteamientos de interpretación

  • La Historia de la Guerra del Peloponeso debe su posición privilegiada dentro de la historiografía antigua a la afirmación de Tucídides de que no escribe una mera crónica, sino más bien para obtener una comprensión de las causas y las relaciones más profundas del material recopilado. Según Tucídides, el curso de la historia se basa en la naturaleza humana inmutable como causa.
  • Puesto que Tucídides conocía a muchas de las personas que describe, se debe suponer que razones personales de aquí y allá lo motivaron en su presentación. Así, por ejemplo, el político ateniense Cleón recibió su merecido en el libro: fue corresponsable del exilio de Tucídides.
  • Tucídides también le juega una mala pasada a su rival Heródoto, el autor de Historias, al no mencionarlo ni una sola vez por su nombre. Sin embargo, no puede reprimir algunas referencias indirectas ocultas a las deficiencias metódicas de Heródoto.
  • La Historia de la Guerra del Peloponeso puede leerse como un argumento en contra de la guerra: como ilustración, se ofrece el conmovedor relato de la miseria causada por la peste, así como la paulatina depravación moral durante el transcurso de la guerra.
  • Al mismo tiempo, el libro sirve de justificación para la política de las grandes potencias. Esto lo sugiere el famoso diálogo entre los atenienses y los melios, cuyo tenor es la máxima de “quien no está con nosotros está en contra nuestra”.
  • Si bien los dioses griegos no desempeñan ningún papel en el libro, Tucídides cree en un destino que obra a su antojo como se muestra mediante el acoplamiento formal aparentemente intencional del genocidio de los melios con el catastrófico fracaso de la expedición a Sicilia: bajo esta lectura, este último sería el castigo por el genocidio.

Antecedentes históricos

El florecimiento cultural de Atenas

Cuando se habla de Grecia como la cuna de la cultura occidental, la mayoría de las personas piensan primero en Atenas. La Atenas de Platón y Sócrates, de Esquilo, Sófocles y Eurípides fue, en muchos sentidos, un punto de intersección de varias corrientes intelectuales, cuyos orígenes deben buscarse, entre otros, en Jonia, la colonia helénica en la costa oeste de Asia Menor. Las ciudades jónicas, sobre todo Mileto, se convirtieron en el escenario de un profundo cambio espiritual y cultural. Como consecuencia de la Ilustración jónica, filósofos como Tales, Anaximandro y Anaxímenes comenzaron a explicar el mundo mediante las relaciones lógicas de sus fenómenos. Por primera vez sus teorías prescindieron del gobierno divino, el destino y el azar, y se basaron, en cambio, en un concepto crítico y sistemático de la verdad.

En el año 500 a. de C., los jonios se levantaron contra la dominación extranjera persa. El levantamiento fracasó. Poco después, sin embargo, en respuesta a los intentos de los persas por someter a Grecia, Atenas recuperó los territorios jónicos de los helenos. Esto trajo prestigio, poder y riqueza a los atenienses. Bajo el mandato de Pericles, Atenas floreció por completo y desarrolló el magnetismo cultural que atrajo a filósofos, artesanos y artistas de todas partes de Grecia, sin olvidar a los sofistas, los profesores de retórica ambulantes que le dieron a la Ilustración jónica un giro pragmático: su objetivo no era obtener nuevos conocimientos, sino su uso provechoso por parte del individuo en un clima social caracterizado por la discusión y el debate públicos.

Origen

Al igual que la vida de Tucídides, la génesis de su única obra es el centro de todo tipo de especulaciones. El propio autor proporciona solo escasos indicios: comenzó la descripción de la guerra “inmediatamente después de su estallido”. No se sabe cómo procedió Tucídides, si siguió los acontecimientos por escrito o redactó sus informes retrospectivamente. Igualmente, poco se sabe si la Historia de la Guerra del Peloponeso debe considerarse como una entidad literaria o como una obra compleja e inconclusa en la que el autor revisó o añadió secciones anteriores a la luz de conocimientos posteriores.

Tucídides no podía hacer uso de ninguna convención historiográfica ya que lo que él realizó fue innovador en el sentido de que no hay precedente ni conceptualmente ni en cuanto a la ejecución. En el mejor de los casos, podría establecerse una relación entre su estructura basada en hechos y las enseñanzas de los sofistas. Tucídides siempre se preocupó por la fiabilidad de sus fuentes, para lo cual aprovechó su participación activa como capitán ateniense en la guerra y también, gracias a su posición social privilegiada, pudo observar directamente muchos acontecimientos. El abrupto final de la crónica plantea enigmas, ya que se interrumpe a la mitad de una oración y faltan los últimos siete años hasta el final de la guerra. Solo hay conjeturas acerca de si se perdió una parte del manuscrito, si el autor murió en el escritorio o incluso si fue asesinado.

Historia de la influencia de la obra

Las ideas acerca de la legitimidad del gobierno histórico elaboradas en torno al ejemplo del conflicto entre Atenas y Esparta se concibieron expresamente como una lección para las generaciones posteriores. Fue un planteamiento completamente nuevo. También por esa razón la Antigüedad no pudo hacer mucho con Tucídides; lo compararon con su contemporáneo Heródoto, que entretenía a su público con toda clase de chismes históricos en lugar de informarlo. Tampoco a Cicerón se le ocurrió nada mejor sobre Tucídides que criticarlo por su estilo. Solo el historiador Polibio reconoció la grandeza de los atenienses y la tomó como modelo. Ciertas influencias también pueden encontrarse en Salustio y después en Tácito. Durante la Edad Media, Tucídides desapareció por completo de la escena y solo fue reimportado desde el Imperio Bizantino a principios del Renacimiento.

El humanista italiano Lorenzo Valla escribió la primera traducción latina en 1452. A partir de entonces la influencia de Tucídides en la metodología y la autocomprensión de las ciencias históricas se hizo evidente: “La primera página de Tucídides es el único comienzo de toda la verdadera historia”, escribió, con gran entusiasmo, David Hume. Tucídides sentó las bases sobre las cuales se construye la ciencia histórica crítica moderna. La máxima de Leopold von Ranke –“mostrar [la historia] como realmente fue”– es del estilo de Tucídides. Además, el sobrio ateniense puede ser considerado como el progenitor del realismo político, del que Maquiavelo, Hobbes y Nietzsche son sus herederos. Todavía hoy, su nombre se menciona una y otra vez donde quiera que se debata el cinismo del poder, por ejemplo, en temas como la Guerra Fría, la globalización o la política exterior de Estados Unidos.

Sobre el autor

La vida de Tucídides está en gran parte a oscuras. Las pocas fuentes que existen son, en su mayoría, poco confiables. Incluso sobre las fechas de su nacimiento y muerte solo hay especulaciones. Los indicios sugieren que Tucídides nació alrededor del año 454 a. de C. y murió aproximadamente en el año 396 a. de C. Al parecer, su familia tenía raíces en Tracia. Tucídides poseía minas de oro, según lo que él mismo informa en la Historia de la Guerra del Peloponeso. Sin embargo, el centro de su vida es, en todos los aspectos, la polis Atenas, a cuya elite política pertenecía. En el año 424 a. de C., los atenienses lo eligieron como uno de los diez llamados estrategos, líderes del ejército que también eran responsables de las tareas administrativas y la jurisdicción militar. El cargo era apreciado y, a veces, servía como trampolín para una carrera política. Tucídides también recibió la oportunidad de probar su eficiencia. Tenía que impedir que la ciudad tracia de Anfípolis cayera en manos del capitán espartano Brásidas, pero los siete barcos al mando de Tucídides llegaron demasiado tarde y Anfípolis ya se había rendido a Brásidas. Los atenienses castigaron a su desventurado estratego con el destierro durante 20 años. Hasta el final de la Guerra del Peloponeso, de cuya descripción Tucídides hace la tarea de su vida, permanece lejos de su patria. Según su propia declaración, utilizó ese tiempo para realizar investigaciones para su obra histórica. No se sabe con seguridad si, para este propósito, realmente recorrió Grecia, Sicilia y el Peloponeso como escribe Marcelino, el dudoso biógrafo de Tucídides. No se sabe dónde y cómo murió Tucídides, pero se cree que está enterrado en Atenas.

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