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La epopeya de Gilgamesh

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La epopeya de Gilgamesh

15 mins. de lectura
10 ideas fundamentales
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¿De qué se trata?

Gilgamesh lo comprueba: el sueño de la eterna juventud viene desde el nacimiento de la humanidad.


Clásico de la literatura

  • Épica
  • Antigüedad

De qué se trata

Un joven apuesto y privilegiado cree que puede permitirse cualquier cosa. Tala un bosque protegido y también ofende a una ardiente admiradora. Esta se venga y lleva a la muerte al amigo de su amado. Ahora el joven es consciente de su propia mortalidad y va en busca de la vida eterna. La epopeya de Gilgamesh tiene casi cinco mil años de antigüedad y es, por tanto, el poema más antiguo que se conoce. La epopeya sobre el inquieto rey se remonta a la época en que los sumerios fundaron en Mesopotamia las primeras ciudades de la humanidad e inventaron la escritura. La historia de Gilgamesh sobrevivió al auge y la caída de innumerables civilizaciones, idiomas y formas de escritura. Bajo un nombre cambiado, naufragó con su arca en el Antiguo Testamento y hoy la vanguardia le rinde homenaje como el primer héroe homosexual de la historia. Lo que le queda prohibido en la epopeya –la inmortalidad– lo logra en la memoria colectiva. Ha soportado sorprendentemente bien su viaje milenario, incluso sin la necesidad de curas rejuvenecedoras artificiales.

Ideas fundamentales

  • La epopeya de Gilgamesh es el texto literario conocido más antiguo de la humanidad.
  • Contenido: los dioses ponen al hombre semisalvaje Enkidu al lado del rey Gilgamesh. Juntos dan muerte al Monstruo del Bosque y al Toro del Cielo. Como castigo, Enkidu debe morir. Desesperado, Gilgamesh viaja al fin del mundo para volverse inmortal, sin éxito. Purificado, finalmente regresa a su tierra natal, Uruk.
  • La epopeya maneja los temas originales de la poesía: amor, poder, muerte y la pregunta sobre el significado de la vida.
  • Gilgamesh aprende que el humano se vuelve inmortal solo a través de sus acciones.
  • Las primeras historias sobre Gilgamesh circularon en el tercer milenio antes de Cristo, en el sur de Mesopotamia.
  • Se dice que el erudito Sin-Liqe-Unnini resumió la epopeya en doce tablillas de arcilla, alrededor del año 1100 a. C.
  • En 1872, bajo los escombros de la antigua Biblioteca de Nínive, se encontró el relato del diluvio perteneciente a la epopeya. Este relato coincide con la versión bíblica en muchos detalles.
  • Gilgamesh es hoy un icono de la cultura popular para muchos fanáticos de la fantasía y el cómic.
  • Autores como Thomas Mann, Hans Henny Jahnn y Philip Roth utilizaron motivos de la epopeya en sus obras.
  • Cita: “Vamos, amigo mío, ¡avanzaremos juntos! ¡Prepárate para la lucha, no pienses en la muerte, busca la vida!”

Resumen

Gilgamesh y Enkidu

Gilgamesh, el rey de la ciudad de Uruk, es dos tercios dios y un tercio humano. Es el hombre más grande y hermoso del mundo. Su barba brilla como el lapislázuli y su cabello crece tan grueso como el grano. Pero Gilgamesh se comporta como un tirano con sus súbditos y obliga a los jóvenes a trabajar como siervos. Los hijos no vuelven a ver a sus padres, las hijas son separadas de sus madres y las vírgenes, de sus amados. La gente ruega a los dioses que creen un rival de la misma clase para Gilgamesh.

“Gilgamesh, que vio las profundidades, la fundación de la tierra, que conoció los confines remotos, lo entiende todo””.

La diosa creadora Aruru arroja arcilla a la estepa y crea a Enkidu, un hombre enorme con todo el cuerpo cubierto de pelo. Come hierba y bebe la leche de animales salvajes. En el abrevadero lo ve un cazador. Primero, este se congela de miedo, pero unos días después se enoja, porque Enkidu destruye sus trampas y deja escapar las presas. Le aconsejan que traiga de Uruk a la voluptuosa ramera sagrada Shamhat: ella debe seducir al salvaje Enkidu e integrarlo a la comunidad de hombres civilizados. Tan pronto Shamhat ve a Enkidu en el abrevadero, abre sin miedo su vestido y le muestra sus pechos. El salvaje no puede resistirse mucho tiempo. Ambos duermen juntos seis días y siete noches. Cuando Enkidu regresa después con los animales salvajes, ellos huyen de él. Shamhat lo persuade para que vaya con ella a Uruk, donde Gilgamesh gobierna como un animal salvaje. A Enkidu le gusta la idea, porque anhela un amigo. Planea desafiar a Gilgamesh para que se convierta en un mejor rey.

El primer combate

Mientras tanto, Gilgamesh le relata a su madre sabia, Ninsun, dos sueños. Primero, un meteorito cayó del cielo y todo el país se reunió a su alrededor. Después, había un hacha en la calle de Uruk y, de nuevo, mucha gente se reunió a su alrededor. Él había levantado y acariciado ambos y había puesto el meteorito y el hacha a los pies de su madre. Ninsun le profetiza a su hijo que conseguirá un amigo fuerte y sus consecuencias serán enormes. Ella lo tratará como si fuese su propio hijo.

“Durante seis días y siete noches Enkidu se levantó y cohabitó con Shamhat hasta que se sació de disfrutar de ella””.

En un campamento cerca de la ciudad, unos pastores le ofrecen a Enkidu pan y cerveza. Después de la desconfianza inicial, se bebe tres jarras. Se siente liberado y empieza a cantar en voz alta. Al día siguiente, un hombre en camino a una boda le dice que Gilgamesh quiere ejercer su derecho de ser el primero en acostarse con la novia. Enkidu se enoja, va a la ciudad y se interpone en el camino de Gilgamesh frente a la casa de la boda. Ambos luchan y los muros de la ciudad se estremecen. Solo se detienen cuando Ninsun se interpone entre ambos. Ahora los hombres se toman de la mano. Gilgamesh propone ir a la Selva de los Cedros y matar a Humbaba, el guardián de la selva. Enkidu tiene dudas. Ha oído hablar de la oscura selva y de su terrible dios y cree que caerá de un solo golpe si se atreve ir allí. Pero Gilgamesh lo niega: el ser humano es pasajero y, por tanto, debe hacerse de un nombre con sus hazañas mientras viva.

La marcha hacia la Selva de los Cedros

En la armería, ambos ordenan un equipo de instrumentos de combate: sus hachas y espadas debían pesar siete talentos y su faja, un talento. El consejo de ancianos declara tener dudas sobre el significado de la expedición, pero al final sus representantes ceden ante la insistencia de su rey y bendicen a los viajeros. Ninsun consulta el oráculo antes de la partida. Realiza las abluciones rituales, se pone sus joyas más valiosas, camina por el techo del templo y le reza al dios sol Shamash para que proteja a su hijo durante el día y lo ponga bajo el amparo de las estrellas durante la noche. Los compañeros se acercan al Líbano con pasos gigantescos. En solo tres días recorren un trayecto que normalmente tomaría un mes y medio en completarse. Durante la caminata, Gilgamesh sube varias veces una montaña, hace una ofrenda de harina y se sienta a dormir en la casa de ensueño, construida por Enkidu. Por primera vez sueña que la montaña se estrella contra él y un rey radiante lo saca de debajo de ella. Enkidu es optimista: la montaña representa a Humbaba y el salvador del rey Gilgamesh es Shamash. Pero Gilgamesh tiene otros cuatro sueños horribles que desaniman a los dos. Shamash se impacienta. Desde el cielo grita que Humbaba se ha quitado seis de sus siete mantos protectores y exige a los dos que ataquen de inmediato.

La muerte de Humbaba

Asombrados, Gilgamesh y Enkidu están frente a los cedros inconcebiblemente altos. Frente a la montaña de los cedros está la morada de los dioses. Humbaba aparece e insulta a Enkidu, llamándolo “engendro de una tortuga que no bebió leche materna”. Al mismo tiempo, pisa el suelo con tanta fuerza que la tierra se divide y se apila para formar montañas. Caen rocas sobre los dos amigos hasta que Shamash envía una gran tormenta con 13 vientos. Ahora Humbaba está indefenso ante las armas de Gilgamesh. Le ruega a Gilgamesh y luego a Enkidu que le perdonen la vida. Es en vano. Entonces, Humbaba se incorpora una vez más y los maldice: “¡No llegarán a viejos los dos!” vociferó, antes de que Gilgamesh le corte el cuello con la espada y Enkidu le arranque los pulmones. Al final, Gilgamesh tira los árboles. De un cedro particularmente alto, hacen una puerta para el templo de Nippur. Construyen una balsa, ponen la puerta encima y la transportan a la ciudad por el río Éufrates.

Amor avergonzado

Gilgamesh se lavó el cabello enmarañado, se vistió con ropa limpia y se puso su corona. Entonces, la diosa Ishtar se da cuenta de su belleza. Si se casa con ella, le promete carros de oro, todas las riquezas imaginables, así como múltiples partos de sus cabras y ovejas. Pero Gilgamesh la rechaza y la insulta, con burla. Ishtar echa espuma de rabia y le pide a su padre Anu que lance el Toro del Cielo contra Gilgamesh. Anu le da la guía y ella conduce al toro a la tierra. De inmediato, el bosque se seca, el nivel del agua del río desciende amenazadoramente y el resoplido del enorme animal produce pozos tan profundos que 200 jóvenes de Uruk caen en él. Pero Enkidu solo se hunde hasta las caderas. Salta fuera y agarra al toro por los cuernos, que de nuevo arroja espuma y le lanza estiércol con la cola. Enkidu coge al animal por la cola y pone su pie en sus cuartos traseros, mientras Gilgamesh lo mata. Le arrancan el corazón al toro y se lo ofrendan a Shamash.

La despedida de Enkidu

En la noche, Enkidu se despierta de un sueño terrible: la asamblea de dioses los condenó a él y a Gilgamesh por haber matado a Humbaba y al Toro del Cielo. Pero Enil, el rey de los dioses, determina que solo Enkidu debe morir. Después, Enkidu maldice la puerta que donó a los dioses que ahora tramitan su extinción. Gilgamesh intenta tranquilizarlo. Promete orar a los dioses y sacrificar una estatua de oro de Enkidu para que lo perdonen. Pero su amigo ya se dio por vencido: no tiene sentido luchar contra el destino. Ahora maldice al cazador y a Shamhat, que lo arrancaron de la comunidad de animales. Shamash hace reflexionar al iracundo: ¿no le dio la prostituta una cerveza y lo vistió con ropas nobles? ¿Y no le ofreció Gilgamesh un lecho de honor? Doce días después, Enkidu llama a Gilgamesh, se queja de su final sin gloria y muere.

El camino en el fin del mundo

Gilgamesh está inconsolable. Manda construir una tumba magnífica para su amigo, a la que provee con costosas ofrendas. Para protegerla de los ladrones de tumbas, se desvía el Éufrates y la tumba se coloca en el lecho del río. Gilgamesh lleva el cabello amarrado en señal de luto. Vestido con la piel de un león, vaga por la estepa hasta que se encuentra frente a las montañas gemelas, la frontera con el fin del mundo. Dos hombres escorpión vigilan la entrada. Le preguntan por qué tomó la ruta fatigosa. Gilgamesh responde que está buscando a su antepasado, Utnapishtim. De él, a quien los dioses le otorgaron la inmortalidad, quisiera aprender a vencer a la muerte. Los hombres escorpión se sorprenden. Nadie antes de Gilgamesh se aventuró por la montaña, porque a lo largo de un tramo de doce leguas hay una completa oscuridad. Finalmente, dejan pasar a Gilgamesh. En la oscuridad, está a punto de darse por vencido. Pero después de doce leguas de repente hay claridad. Divisa un bosque, de cuyos árboles cuelgan piedras preciosas.

Las aguas de la muerte

A la orilla del mar, la tabernera Siduri ve a Gilgamesh deambulando por ahí. Temerosa, cierra su puerta y se sube al techo. Para que no tenga miedo, Gilgamesh le cuenta sus hazañas y las de Enkidu. Pero Siduri no confía en él. Entonces, Gilgamesh narra la muerte de su amigo. Cuenta cómo lo amó y lloró por él y cómo, de repente, sintió un inmenso temor por el fin de su propia vida. Le pregunta a Siduri qué camino lo puede llevar con Utnapishtim. La tabernera no le aconseja el viaje. Nadie, con excepción de Shamash, ha cruzado nunca el mar. Los dioses habrían dado muerte a la gente y no tendría sentido huir. Pero luego lo remite con el barquero Urshanabi, que está junto con los hombres de piedra, en los árboles del bosque. Gilgamesh vence al barquero, destroza a sus asistentes y los arroja al río. Un error, como pronto se comprueba, porque los hombres de piedra son los únicos capaces de cruzar las Aguas de la Muerte. Ahora Gilgamesh debe talar 300 árboles para construir pértigas de 30 metros de largo. Puede utilizar cada vez una pértiga para remar. Cuando hubo utilizado la última, emplea su ropa como vela. Así llega a la otra orilla.

El relato del diluvio

Utnapishtim escucha a Gilgamesh, pero se niega a ayudarlo a conseguir la inmortalidad. El cometido de Gilgamesh es ser un buen rey en la tierra. El día de su muerte está en manos de los dioses. Pero Gilgamesh no cede. Quiere saber por qué Utnapishtim es inmortal. Entonces este le cuenta sobre la gran inundación que los dioses enviaron en aquel tiempo sobre el país. El dios Ea, el príncipe de la sabiduría, le había encomendado en ese entonces construir un barco enorme. Con la promesa de una cosecha abundante, Utnapishtim había conseguido carpinteros, tejedores de caña, constructores navales, jóvenes y viejos para las obras de construcción. El enorme barco tenía siete pisos, cada uno con nueve habitaciones. Utnapishtim había subido a bordo tanto como le fue posible: oro y plata, simientes de las cosas vivientes, a toda su familia, artesanos, artistas y escribas, ganado y animales salvajes. Luego, cerró la puerta. El temporal que sobrevino poco después fue despiadado. La tormenta, el aguacero y el diluvio sepultaron a todo lo que había vivo. Solo al séptimo día hubo calma. La humanidad se había convertido otra vez en barro. Utnapishtim buscó una orilla, pero solo vio doce islas que sobresalían del mar. Encalló en el monte Nisir y entonces dejó que volaran una golondrina y una paloma. Ambas regresaron. Finalmente, soltó un cuervo que no regresó. Entonces Utnapishtim ofreció un sacrificio que atrajo a los dioses. Enlil, el que había enviado el diluvio, se enfureció cuando vio a los humanos sobrevivientes. Pero Ea lo reprendió: en lugar de destruir todo, debería haber enviado hambre o enfermedades. Pero ahora, debería ayudar a los sobrevivientes. Entonces, Enlil bendijo a Utnapishtim y a su mujer y los convirtió en dioses.

El rey sabio de Uruk

Utnapishtim quiere descubrir qué podría justificar la admisión de Gilgamesh en la comunidad de los dioses. Para ponerlo a prueba, le indica al héroe que se mantenga despierto durante siete noches. Pero Gilgamesh duerme como piedra durante seis días y siete noches. Para demostrar esto, la esposa de Utnapishtim hornea un pan todos los días y apila las hogazas frente al durmiente. Cuando Gilgamesh despierta, la primera hogaza ya está totalmente seca. No pasó la prueba y debe regresar con los mortales. Al despedirse, Utnapishtim le revela a su huésped el secreto de una planta espinosa que brinda vida eterna. A continuación, Gilgamesh ata piedras a sus pies, se deja hundir en el Apsu, un océano subterráneo de agua dulce, y recoge la planta mencionada. Quiere probarla con un anciano en Uruk. En el camino de regreso, Gilgamesh se baña en el agua fría de un pozo, mientras una serpiente se acerca sin ser vista. Huele la planta, se la lleva consigo y muda de piel. Gilgamesh estalla en llanto. Todo fue en vano. La entrada a los inmortales está cerrada para él de una vez por todas. Regresa a Uruk con Urshnabi y le muestra la muralla de la ciudad. Está orgulloso de sus sólidos cimientos y las tejas de ladrillo, está orgulloso de la ciudad cuyo rey en la tierra es él.

Acerca del texto

Estructura y estilo

La versión neobabilónica de La epopeya de Gilgamesh consta de doce tablillas, aunque la última se agregó más tarde. Las primeras once tablillas forman un ruedo narrativo con los actos heroicos y las fechorías del rey Gilgamesh y su amigo Enkidu. Tras una breve introducción, sigue la descripción de la ciudad de Uruk y su muralla. La undécima tablilla termina con las mismas palabras del inicio y, de esta manera, remite al principio. La tradición oral de muchos siglos se plasma en el texto: algunos párrafos y motivos se repiten como el coro en una canción. Lo que resulta monótono para el lector actual, ayudaba a los cantantes y oyentes de aquel entonces a recordar los puntos clave. A través de sueños y las interpretaciones de esos sueños, los humanos y los dioses anticipan la acción y la elevan a un nuevo plano de significado. El estilo se caracteriza por las exageraciones, las analogías, las comparaciones y las imágenes. Algunas de ellas son tan apasionantes que el lector se puede sentir directamente afectado. Otras, por el contrario, resultan tan extrañas, que incluso los expertos no logran descifrarlas.

Planteamientos de interpretación

  • La epopeya de Gilgamesh aborda los grandes temas de la poesía: la lucha contra las fuerzas de la Naturaleza y los conflictos en torno al poder social, el amor y la sexualidad, la búsqueda del significado de la vida y el anhelo inútil de la inmortalidad.
  • Gilgamesh y Enkidu atraen la ira de los dioses por el asesinato de Humbaba y del Toro del Cielo. Enkidu debe morir y Gilgamesh debe sobrevivir. Por qué debe ser así permanece abierto; el destino humano es insondable.
  • La gente de Mesopotamia le tenía miedo a la muerte, creían que sus almas descenderían al inframundo y su existencia ahí transcurriría sin alegría. La única manera de salir de esta situación desesperada era hacerse de un nombre en la tierra. Gilgamesh sale purificado de sus viajes y aventuras: de ser un rey tiránico, se convierte en uno bondadoso.
  • Enkidu representa al buen salvaje: vive en armonía con la naturaleza y los animales salvajes hasta que una prostituta lo seduce. El mundo civilizado tiene mucho que ofrecer, por ejemplo, cerveza y sexo a montones, pero también le roba su inocencia.
  • Algunos intérpretes consideran la relación entre Gilgamesh y Enkidu como el primer testimonio de un amor homosexual en la historia de la literatura. Numerosos autores de novelas y directores de teatro ponen de relieve este aspecto porque, en su opinión, la recepción clásica le prestó muy poca atención.
  • El Bosque de los Cedros del Líbano se describe desde la perspectiva de las tierras bajas de Mesopotamia: parece atroz en el más amplio sentido de la palabra. El que necesitara un guardián en la epopeya se puede interpretar como una señal de que la gente estaba consciente de sus efectos destructivos en el medio ambiente.
  • La descripción que se hace en la epopeya del fin del mundo también dice mucho sobre las ideas de aquella época: la gente creía que la Tierra era un plato rodeado de montañas y mar. En las montañas, el cielo y más allá del mar, viven los dioses.

Antecedentes históricos

La alta civilización sumeria

El personaje heroico de la epopeya se remonta a una figura histórica: el rey Gilgamesh –o Bilgames, como se le llama en sumerio– presumiblemente gobernó alrededor del año 2650 a. C. en la ciudad-Estado sumeria de Uruk y se dice que fue un gobernante difícil y tiránico. Se le atribuye la construcción de una enorme muralla fortificada de aproximadamente 10 kilómetros de largo por 10 de ancho, con cientos de torres. Sus restos se encontraron en 1912 en la ciudad de Warka, en el sur de Irak. En su apogeo, Uruk fue la ciudad más poderosa de Mesopotamia. Es considerada como el centro del surgimiento de la civilización sumeria. Según el experto en la cultura asiria Adolf Leo Oppenheim, la civilización sumeria alcanzó aquí su clímax creativo, antes de que fuera superada por la ciudad de Ur.

Los sumerios se establecieron en el sur de Mesopotamia alrededor del año 3500 a. C. Desarrollaron la escritura cuneiforme, la más antigua que se conoce y predecesora de las actuales formas de escritura de Europa. Además, introdujeron una técnica muy elaborada de irrigación en el aluvión entre los ríos Éufrates y Tigris que permitió rendimientos significativamente más altos, pero, a largo plazo, llevó a la salinización de los suelos, cuyas catastróficas consecuencias se pueden comprobar en el Irak actual. Alrededor del año 3000 a. C., probablemente debido a la ruptura de un dique en el sistema de irrigación, hubo inundaciones desastrosas, un acontecimiento que, según algunos historiadores, sirvió de modelo para el relato del diluvio en La epopeya de Gilgamesh y en el Antiguo Testamento. El templo de los dioses constituía el centro de las ciudades-Estado sumerias. La tierra circundante pertenecía a los dioses y la gran mayoría de los pobladores trabajaban como siervos o esclavos o como sirvientes del templo. En el periodo dinástico temprano (2800-2500 a. C.), la unidad de Estado y templo lentamente dio paso a una separación entre el poder político y el religioso. Entre 2350 y 2300 a. C., el rey acadio Sargón I, que provenía del norte de Mesopotamia, conquistó los principados peleados entre sí y con ello se inició el final de la alta civilización sumeria.

Origen

La epopeya de Gilgamesh es la obra literaria más antigua que se conoce. Los primeros indicios de las narraciones orales datan de alrededor de 2100 a. C., cuando la supremacía sumeria llegaba a su fin en el sur de Mesopotamia. Poco después, estas pequeñas epopeyas fueron transcritas a tablillas de arcilla. El relato “Bilgames, Enkidu y el inframundo” se agregó más tarde como la duodécima tablilla. Las historias de héroes se convirtieron pronto en éxitos: en toda Mesopotamia, los estudiosos tallaron en arcilla fresca la lectura obligatoria sobre el rey de Uruk. Los hombres llevaban a cabo competencias de luchas según el ejemplo de Gilgamesh y Enkidu. Y el propio Gilgamesh fue venerado como un dios del inframundo que podía sanar a los enfermos y proteger a los muertos. Se dice que alrededor de 1100 a. C., el erudito Sin-Liqe-Unnini resumió los relatos individuales en una epopeya completa. De esta forma, los bardos orientales la cantaron en fiestas multitudinarias e hicieron famoso a Gilgamesh más allá de las fronteras de Mesopotamia. En las casas reales de Asia Menor, Siria y Palestina, la gente escuchaba con atención las aventuras del héroe de casi dos mil años de antigüedad. No fue sino hasta el siglo III de nuestra era que cayó en el olvido.

La epopeya permaneció perdida durante más de mil 500 años. Luego, en 1872, el experto británico en cultura asiria George Smith descubrió la tablilla de arcilla con el relato del diluvio, entre miles de tabletas con escritura cuneiforme. Pertenecía a la biblioteca de Asurbanipal, el último gran rey asirio, en Nínive, que excavaron los arqueólogos dos décadas antes y fue llevada al Museo Británico de Londres. Smith y sus colegas buscaron febrilmente más fragmentos de la supuesta biblia pagana. Pero salió a la luz la epopeya del rey de Uruk. A pesar del incansable trabajo de armar rompecabezas y de los nuevos descubrimientos, el secreto de Gilgamesh no ha sido descifrado del todo. Hasta la fecha, falta un tercio del texto original.

Historia de la influencia de la obra

Los paralelos entre La epopeya de Gilgamesh y el Antiguo Testamento son evidentes: el relato bíblico del diluvio concuerda con la versión babilónica incluso en algunos detalles, como el envío de aves después de que el arca encallara. Ambas obras provienen de un conjunto de valores y saberes del Antiguo Oriente. Incluso el poeta o poetas de las epopeyas homéricas La Ilíada y La Odisea se inspiraron en las historias de Gilgamesh. “Gilgamesh, Enkidu y el inframundo” se parece, por ejemplo, al episodio en el que Odiseo visita a los muertos en Hades.

Desde su redescubrimiento en el siglo XIX, innumerables pintores y escultores han perpetuado al “joven heroico”, como lo llaman en acadio. Le dedicaron óperas y oratorios. En la novela José y sus hermanos Thomas Mann utilizó elementos del mito de Gilgamesh. El ciclo de novelas Río sin orilla de Hans Henny Jahnn se basa esencialmente en La epopeya de Gilgamesh. En tiempos recientes, el rey se ha convertido en un icono de la cultura popular: Gilgamesh lucha valientemente en novelas de ficción, cómics, películas de dibujos animados y videojuegos. También inspiró un episodio de la serie Viaje a las estrellas: la nueva generación y prestó su nombre a una banda de rock japonesa. En la novela de Philip Roth, La gran novela americana, tiene un papel secundario el jugador de béisbol, ansioso de gloria, Gil Gamesh. La novela Gilgamesh de Stephan Grundy y el drama Gilgamesh de Raoul Schrott son ejemplos de nuevas interpretaciones literarias del mito.

Sobre el autor

La epopeya de Gilgamesh tiene muchos autores anónimos, cuyas lenguas se extinguieron hace mucho tiempo. Surgió en el tercer milenio antes de Cristo en el sur de Mesopotamia y probablemente en sus orígenes solo se transmitió por vía oral. Alrededor del año 2000 a. C., aparecen por primera vez las historias del posterior poema épico completo impresas en escritura cuneiforme en tablillas de arcilla. Se dice que alrededor de 1100 a. C. el erudito Sin-Liqe-Unini (que se traduce como “pecado, acepta mis súplicas”) de Uruk resumió en una forma estandarizada las narraciones individuales. Precedió la epopeya con un himno en el que afirmaba que Gilgamesh había escrito sus actos en una lápida de piedra y que él, el poeta, solo los volvía a narrar. En retrospectiva, el hecho de que se nombrara a un autor para la epopeya prueba su importancia, ya que, en el Antiguo Oriente, la mayoría de las obras literarias se transmitían anónimamente. La versión final es la epopeya en doce tablillas que realizó el escriba para la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en el siglo VII a. C. La mayoría de las traducciones y ediciones contemporáneas se basan en esta versión.


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