Resumen de La Ilíada

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La Ilíada resumen de libro

Clásico de la literatura

  • Épica
  • Antigua Grecia

De qué se trata

La mayor batalla de la Antigüedad clásica

La Ilíada de Homero comienza en el décimo y último año de la guerra de Troya, pero incorpora imágenes previas y posteriores de las violentas batallas entre los griegos y los troyanos, en las que también se involucraron los dioses. El motivo central de la Ilíada es la furia de Aquiles. Tras sufrir una ofensa personal, el más valiente y fuerte de los guerreros griegos se retira, encolerizado, de la lucha por la ciudad. Este hecho es el primero de una larga cadena de sucesos cuyo final es la caída de la ciudad de Troya. Pero, la perdición de Troya y la famosa historia del caballo de madera no forman parte de la Ilíada, sino que están narradas en la segunda epopeya de Homero, la Odisea. Para los lectores de hoy, la Ilíada puede resultar por momentos ampulosa y sobrecargada con episodios secundarios; sin embargo, todavía impresiona por la fuerza discursiva, la tensión, el dramatismo y la sofisticación psicológica del texto. El poema ha dejado una fuerte impronta en casi todas las épocas de la historia.

Ideas fundamentales

  • La Ilíada es la obra escrita más antigua de la literatura occidental.
  • Se cree que fue escrita en la Grecia jónica, una estrecha franja en la costa de Asia Menor, durante la segunda mitad del siglo VIII a.C.
  • Es la epopeya de la guerra de Troya en la que los griegos sitiaron la ciudad de Troya porque los troyanos habían raptado a la bella Helena.
  • La obra gira en torno de la furia del héroe griego Aquiles, que siente que su comandante, Agamenón, lo ha ofendido y se separa de la lucha.
  • Mientras Aquiles esté fuera de la batalla, la suerte estará del lado de los troyanos.
  • El héroe troyano, Héctor, destruye casi por completo la flota de los griegos.
  • La muerte de su mejor amigo, Patroclo, hace que Aquiles cambie de opinión. Cuando toma las riendas de la batalla, regresa la suerte a los griegos.
  • La batalla de Troya adquiere dimensiones universales debido a que  también intervienen los dioses.
  • La conquista de Troya a manos de los griegos gracias a la astucia de Odiseo y su caballo de madera aparece narrada en otra epopeya, la Odisea, también de Homero.
  • La Ilíada está compuesta por 15 mil 693 versos, distribuidos en 24 cantos.
  • La historia de su origen es tan incierta como la existencia misma de Homero.
  • En el año 1870, el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann encontró en Turquía los restos de Troya.
 

Resumen

La crueldad de Agamenón y la furia de Aquiles

En el campamento que los griegos montaron alrededor de Troya, se presenta el sacerdote de Apolo, Crises, para exigir al comandante de la tropa, Agamenón, la liberación de su hija Criseida. Cuando Agamenón se niega, Apolo castiga a la tropa griega con una peste. El más valiente de los griegos, Aquiles, interviene entonces con vehemencia para lograr la liberación de la prisionera y despierta así la ira de Agamenón. Finalmente, el comandante libera a Criseida, pero como compensación exige que le entreguen a Briseida, una joven esclava de Aquiles de la que Agamenón se ha enamorado. El héroe obedece, pero abandona, ofendido, la batalla. Enojado, se sienta a orillas del mar y llama a su madre, Tetis. La diosa del mar le promete intervenir por él ante el padre de los dioses, Zeus. Tetis se arroja a los pies de Zeus y lo adula mientras pide ayuda para su hijo. Zeus accede: mientras los griegos no ofrezcan una satisfacción por la ofensa a Aquiles, los troyanos saldrán siempre victoriosos.

El engañoso triunfo de los troyanos

Retrospectiva:  los griegos sitian la ciudad de Troya porque los troyanos raptaron a la bella Helena, casada con Menelao, hermano de Agamenón. Paris, que antes del rapto había visitado a Menelao, infringe de modo imperdonable las leyes de la hospitalidad. Al principio, las partes tratan de resolver el conflicto con un duelo entre los dos hombres que se disputan a Helena. Cuando Menelao gana el duelo, interviene la diosa Afrodita, quien envuelve a Paris en una espesa niebla y lo transporta directamente desde el lugar de la disputa a la habitación de Helena en la fortaleza troyana. Afrodita se siente unida a Paris porque tiempo atrás, con su voto, le ayudó a ganar un concurso de belleza contra Hera y Atenea. A cambio, la diosa le prometió entregarle la mujer más bella del mundo: Helena. Luego de la inexplicable desaparición de Paris del campo de batalla, Menelao es declarado triunfador. Pero la paz firmada entre los hombres se opone al plan trazado por los dioses: Zeus le pide a su hija Atenea que incite al troyano Pandaro a disparar una flecha contra Menelao. El griego queda herido, los troyanos vuelven a aparecer como culpables y la guerra continúa.

“Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles de Pléyade, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves”.

El más valiente y fuerte de los guerreros troyanos es Héctor, hermano de Paris, y cuya repentina muerte está predestinada por los dioses. Antes de partir a la batalla se despide de su hijo y de su esposa, Andrómaca, quien se encierra en su casa y, presagiando el funesto futuro, entona un canto triste por su esposo que pronto morirá. Helena, por el contrario, se queja de su suerte de ser disputada por dos hombres; su esposo, Menelao, y su raptor, Paris. Al mismo tiempo, sabe que su destino está determinado por Zeus y que ella logrará la vida eterna a través de las canciones que escribirán las generaciones venideras sobre su mítica figura.

Los dioses de la guerra y la guerra de los dioses

Durante las primeras batallas, las tropas son nobles, pues ambas reciben el apoyo de los dioses: del lado de los griegos está Atenea, del lado de los troyanos, Marte. Al final de cada batalla, las partes acuerdan un alto al fuego para poder enterrar con honor a los numerosos caídos. Zeus pide a los demás dioses que se mantengan ajenos al caos bélico. Mientras no satisfagan a Aquiles por la ofensa sufrida, la suerte seguirá estando del lado de los troyanos. El segundo día de lucha, Héctor llega hasta la fosa del campamento griego y planea incendiar los barcos enemigos. Ahora, Agamenón reconoce su error y envía a tres mensajeros cargados con suntuosos obsequios para Aquiles, entre quienes se encuentra Odiseo, que presiona a Aquiles para reintegrarse a la lucha. Pero, en un impetuoso discurso, Aquiles rechaza el pedido y hasta amenaza con abandonar por completo el campo de batalla.

“Cuando los ejércitos llegaron a juntarse, chocaron entre sí los escudos, las lanzas y el valor de los hombres armados de broncíneas corazas, y al aproximarse los abollonados escudos se produjo un gran alboroto”.

El grado de presión que sufren los griegos es tal que solo esperan salvarse por medio de una argucia: Patroclo, el mejor amigo de Aquiles, se pondrá su armadura y hará creer al enemigo que el gran héroe ha regresado a la lucha. Pero Héctor arroja una piedra contra las puertas del campamento griego y tira abajo el muro mientras los griegos huyen hacia los barcos. Cuando Zeus, que observa el tumulto, se descuida por un momento, su hermano, Poseidón, aprovecha la oportunidad y se apresura a ayudar a los griegos de la mano de Hera, esposa de Zeus y la más acérrima enemiga de los troyanos entre los dioses. Luego de seducir a Zeus, Hera se aleja mientras el  dios duerme. Por un momento, parece que la suerte de los griegos ha cambiado, pues bajo el mando de Poseidón logran atacar al enemigo y herir a Héctor. Cuando Zeus despierta, les recuerda que él es el padre de los dioses, reprende fuertemente a su esposa y obliga a su hermano Poseidón a retirarse de la batalla. Los dioses se quejan de las órdenes de Zeus y Poseidón le recuerda que la caída de Troya es inevitable, pero no se produce una rebelión contra el padre de los dioses. Zeus permite que Apolo cure a Héctor, con lo que los troyanos vuelven a atacar los barcos.

La muerte de Patroclo

Cuando se incendia el primer barco, Patroclo pide ayuda a su amigo Aquiles. Él héroe le permite usar su armadura para la batalla, pero también le advierte que solo debe alejar a los troyanos de los barcos, sin perseguirlos después. Sin embargo, Patroclo hace oídos sordos a la advertencia, avanza hasta los muros de Troya y por poco conquista la ciudad. La intervención de Apolo lo detiene: el dios le roba la armadura, Héctor lo atraviesa con su lanza y se burla de su muerte. A punto de morir, Patroclo le dice a Héctor que también a él lo espera la muerte. El troyano le quita las armas y amenaza con dar su cadáver a los perros.

“¡Oídme todos, dioses y diosas, para que os manifieste todo lo que en el pecho mi corazón me dicta! / Ninguno de vosotros, sea varón o hembra, se atreva a transgredir mi mandato; antes bien, asentid todos, a fin de que cuanto antes lleve a cabo lo que pretendo”.

Cuando Aquiles se entera de la suerte de su amigo, esparce cenizas en su cabeza, se revuelca en el polvo y se arranca el cabello. Tetis oye los gritos de dolor de su hijo y sale del mar para enterarse de lo sucedido. Aquiles se queja por la pérdida de su amigo y quiere vengar su muerte. Mientras tanto, se ha desatado una fuerte riña por el cadáver de Patroclo. Tres veces logra Héctor tomar el cadáver por los pies y tres veces logran los griegos recuperarlo. Pero el héroe troyano hierve como un toro y pone todo de sí para recuperar el cuerpo del muerto. Aquiles se debate entre intervenir o no, después de todo, ¿cómo podría luchar sin armas? La diosa Hera le aconseja presentarse frente a los muros del campamento, pues eso bastará para sumir a los troyanos en un miedo profundo. Le coloca la égida, la coraza divina de piel de cabra capaz de infundir miedo, y Aquiles aparece bramando fuertemente frente a la muralla de defensa. La diosa Hera también responde con un grito. Los troyanos tiemblan de terror y se reúnen. Aquiles vuelve a bramar. La escena se repite tres veces. Finalmente, los griegos logran poner a resguardo el cadáver de Patroclo. Lo transportan llorando y Aquiles también llora la muerte de su amigo.

El regreso de Aquiles

El asesinato de Patroclo a manos de Héctor hace que Aquiles cambie de opinión. Su furia permanece, pero experimenta un cambio: ya no está enojado por la ofensa de Agamenón, sino que su furia se orienta ahora a Héctor, el asesino de su mejor amigo. Para regresar a la guerra, Aquiles necesita nuevas armas que se las proporciona Hefesto, el feo y tullido dios herrero. A pedido de una Tetis cubierta de lágrimas, el dios vuelca plata, oro y cobre al fuego, toma su martillo, yunque y pinza y construye un gigantesco escudo cubierto de maravillosos relieves. Luego fabrica la armadura y las armas. En un intento por reconciliarse con su mejor guerrero, Agamenón lo cubre de obsequios y le devuelve a su amada esclava Briseida.

“Aquí estaba la diosa, profiriendo gritos poderosos y terroríficos / al ejército aqueo y equipó los pechos de los hombres con fuerza para enfrentar la lucha y pelear”.

Esta reconciliación en el campamento de los griegos obliga a los troyanos a ponerse nuevamente a la defensiva, con lo que la sucesión de hechos prevista por Zeus vuelve a ponerse en marcha: con el regreso de Aquiles, la suerte está otra vez del lado de los griegos. Las tropas avanzan, Aquiles se pone su nueva armadura. De repente, el caballo inmortal, Xanthos, puede hablar gracias a la intervención de Hera, y le anuncia al héroe griego el destino que le espera: primero matará a Héctor, para luego morir de manos de un hombre y de un dios. Aquiles acepta con orgullo esta profecía y marcha ansioso a la batalla, que pronto se convierte en una gigantesca lucha cósmica, pues Zeus ha autorizado a los dioses a participar de los sucesos, y la interacción de hombres y dioses sacude incluso al Olimpo. Los hechos se suceden: Aquiles arroja tantos troyanos abatidos al río Escamandro, que el dios del río se enfurece ante tanta sangre, crece y amenaza con ahogar al héroe. Se necesita de un gigantesco fuego desatado por el dios Hefesto para hacer retroceder las aguas y salvar a Aquiles.

El duelo final

Finalmente llega el duelo entre los dos héroes, Aquiles y Héctor. El dios Apolo ayuda al troyano evitando que el enemigo de Héctor pueda acercársele. Pero, cuando Zeus sostiene la balanza del destino y ésta se inclina hacia Héctor, Apolo debe retirarse. Ahora es Aquiles quien recibe la ayuda de Atenea. La diosa de la sabiduría se acerca al héroe troyano disfrazada de Deifobo, hermano de Héctor, y le ofrece luchar a su lado contra los griegos. Pero, en el momento decisivo, el falso hermano desaparece. Héctor ha caído en la trampa de la diosa. Sabe que morirá, pero también lo llena de orgullo la idea de morir como un héroe y de saber que su muerte será recodada. Finalmente, el troyano muere atravesado por la lanza de Aquiles.

“Destruyó los anglos, atravesó el mármol con la espada / secamente crujió el portal; tampoco los fuertes cerrojos lograron detenerlo / y los maderos se rompieron aquí y allí / bajo el poder de la piedra”.

Antes de morir, Héctor pide que entreguen el cuerpo a sus padres. Pero Aquiles le responde que antes de hacerlo él mismo devorará su carne y aunque le dieran su peso en oro jamás entregaría el cuerpo del caído. Efectivamente, embargado por la sed de venganza, profana el cadáver de su enemigo: lo ata a uno de los carros de batalla y lo hace marchar alrededor del sepulcro de su amigo muerto, Patroclo. Príamo, padre de Héctor y rey de Troya, se retuerce de horror ante este espectáculo. Los habitantes de Troya a duras penas logran evitar que salga de la ciudad para rogarle al vencedor que le entregue el cadáver de su hijo.

Furia incontrolable

La desmesura de los actos de Aquiles enfurece a los dioses. Por orden de Zeus, Tetis pide a su hijo cegado por la ira que deje de profanar el cadáver de Héctor y lo entregue para darle un entierro digno. Bajo la protección del mensajero Hermes, Príamo ingresa a la tienda del furioso Aquiles. Príamo le recuerda a su propio padre, Peleo, por lo que la furia aparentemente infinita del héroe griego pronto se convierte en compasión. Finalmente, el guerrero cede y es capaz de compadecerse y perdonar. El rey troyano puede llevarse el cadáver de su hijo en un carro tirado por burros. La primera en ver el carro fúnebre y dar aviso a los troyanos de la muerte de su gran héroe y protector es Casandra, la vidente. La esposa de Héctor, Andrómaca, entona varias veces un largo canto fúnebre, en el que anuncia la caída de Troya. Héctor es honrado durante varios días por los troyanos. Mientras tanto, los griegos lloran la muerte de Patroclo.

Acerca del texto

Estructura y estilo

La Ilíada está compuesta por más de 15 mil versos, distribuidos en 24 cantos o capítulos. La métrica utilizada es el hexámetro: un verso compuesto de seis pies (cada uno con una sílaba larga y una corta), no tiene rima final y es el mismo verso de la Odisea. A pesar de que la Ilíada solo relata un segmento de 50 días de la batalla de Troya, también incluye relatos retrospectivos y avances que completan el panorama de los 10 años que duró la guerra. El motivo de la furia determina la división de la obra: los cantos 1 a 17 de la epopeya narran la furia de Aquiles contra Agamenón, y en los cantos 18 a 24, la furia se centra en el enemigo. La epopeya presupone un conocimiento integral de la mitología griega y de los mitos de Troya, puesto que con frecuencia hace referencia a ellos, sin detenerse en explicarlos. La Ilíada contiene numerosos elementos lingüísticos fijos y recurrentes, por ejemplo, las fórmulas al comienzo y al final de un discurso o de una batalla. También hay muchas historias secundarias, cuya relación con la trama principal no siempre es fácil de elucidar. La cantidad de material narrativo y la multiplicidad de figuras heroicas y divinas hacen de la Ilíada un compendio integral de la mitología griega, pero esto no quita al material homérico nada de su dramatismo.

Enfoques interpretativos

  • La tensión interna de la obra tiene una posición central de la mano de Aquiles: la cuestión acerca de si, cómo y cuándo el héroe superará su furia reúne de modo convincente las innumerables tramas narrativas. Por cierto, Homero no relata la muerte de Aquiles. Según la leyenda, Apolo, que apoya a los troyanos, lo hiere mortalmente en el talón, su único punto débil.
  • La figura de Aquiles se presenta por momentos como una figura que incumple sus obligaciones sociales. Los reproches de sus compañeros de batalla indican que el individuo es responsable de sus acciones frente a la sociedad a la que pertenece.
  • La furia de Aquiles, su retirada de la batalla y su ataque al cuerpo de Héctor avergüenzan a los compatriotas del héroe, enojan hasta a los dioses y, por último, dañan al mismo Aquiles. Además de la valentía para la guerra, en la Ilíada la capacidad de ser medido y contenerse también se destacan como formas nobles del comportamiento humano.
  • En la Ilíada, los valores aristocráticos como el honor, la fama, la valentía y la lealtad aparecen glorificados; la imagen del hombre presentada en la epopeya está marcada por rasgos aristocráticos.
  • El destino predeterminado hace que las acciones de los hombres se retrasen, pero no las evita ni modifica. Lo mismo rige para la vida de los héroes como Aquiles. Ni siquiera los dioses están en condiciones de evitar que sucedan los previstos y sus consecuencias.
  • Los personajes de la Ilíada aceptan su destino mortal porque saben que seguirán viviendo a través de los cantos heroicos. De este modo, la creación literaria recibe la tarea de marcar la conciencia histórica de las generaciones venideras.

Antecedentes históricos

El florecimiento de Grecia

Si la figura histórica de Homero realmente existió, vivió en el siglo VIII a.C. cuatrocientos años antes, alrededor del año 1200 a.C., la cultura micénica con sus cortes y palacios reales había sido destruida por una invasión de tribus provenientes del norte. Los representantes de la clase aristócrata fueron asesinados, aunque algunos lograron escapar, pero la consecuencia fue su decadencia económica y cultural. En tiempos de Homero comenzó la recuperación, entre otras cosas, por la colonización exitosa de la costa de Asia Menor. Cuando Homero ubica sus mitos heroicos y divinos en un tiempo anterior al año 1200 a.C., lo hace para recordar a la nueva aristocracia los valores presentados por el propio pasado lleno de gloria. La Ilíada surgió entonces en la primera gran época artística de los griegos que, para diferenciarse de los bárbaros, se autodenominaban “helenos o helenistas”.

La llamada Era Arcaica (800-500 a.C.) fue de la mano de la evolución a la polis, la ciudad-estado de Grecia, cuyo mando estuvo primero a cargo de un rey y, más tarde, de una oligarquía (el gobierno de unos pocos). Grecia superó a los fenicios y se convirtió en la nación naviera más importante. Con la colonización griega, la polis se expandió a lo largo de todo el Mediterráneo. Casi todo el sur de Italia, incluida Sicilia, se vio afectado: “Magna Graecia”, la gran Grecia. Las colonias crearon sus propias sociedades, que solo estaban unidas a la ciudad natal por la constitución y la religión. De una ciudad-estado a otra, el sistema social se diferenciaba enormemente. En Esparta, por ejemplo, gobernaba una casta de guerreros muy agresiva, en tanto que en Atenas, todos los nobles de la sociedad tenían derechos civiles. Desde aquí se difundió la forma original de la democracia.

Origen

El título de la obra deriva de Ilion, el segundo nombre la ciudad de Troya, ubicada en Asia Menor, actualmente Turquía. Desde el punto de vista científico no es posible decir mucho sobre la historia del origen de la Ilíada, del mismo modo que tampoco es posible responder con certeza si Homero existió realmente. Los dos problemas se resumen bajo el concepto de la “cuestión homérica”. Lo que sí es indiscutible es que la Ilíada se basa en una tradición oral de la poesía heroica de un pueblo de la antigua Grecia, probablemente Micenas. Los estudios filológicos de los siglos XIX y XX apoyaban mayoritariamente la idea de que la Ilíada es un compendio de muchos pequeños poemas épicos escritos por diferentes autores. Los defensores de esta teoría son conocidos como analíticos. A ellos se oponen los unitarios, que creen que toda la obra fue escrita por una sola persona. Los estudios filológicos modernos tienden a apoyar la segunda hipótesis.

Desde que Heinrich Schliemann descubrió en 1870 los restos de Troya en los Dardanelos (hoy Turquía), la historia de la ciudad dejó de ser una mera leyenda para convertirse en un objeto de investigación científica. Sin embargo, todavía no ha sido posible establecer si ocurrió la guerra de Troya o algún evento parecido alrededor de 1200 a.C.

Influencia

Ya en la antigua Grecia, la Ilíada era considerada una obra literaria fenomenal. Se cuenta que el famoso escritor griego Esquilo llegó a decir que sus propias piezas teatrales no eran más que “bocados de los bacanales” de Homero. Otras epopeyas de la época simplemente cayeron en el olvido debido a la fuerte influencia de la Ilíada. La obra de Homero tuvo un impacto decisivo en la conciencia literaria, cultural, mitológica e histórica de la antigüedad clásica. El poeta romano Virgilio consideraba que su epopeya, la Eneida, es una síntesis de la Ilíada y la Odisea.

Debido a la preponderancia de la tradición romano-latina durante la Edad Media y el Renacimiento, la Eneida de Virgilio fue catalogada como una obra superior a las epopeyas de Homero, a las que se las acusaba de ser parcialmente desmedidas y de carecer de lógica interna. Las erupciones emocionales de los héroes homéricos, en especial la figura primitiva de Aquiles, que camina tambaleante entre la locura y la humanidad, fascinaron a los poetas del Sturm und Drang alemán. Celebraron por ello a Homero como un autor verdaderamente cercano y natural. En su fragmento Aquileo, Goethe se ubicó expresamente en la misma línea que el autor de la Ilíada. A partir del material de la leyenda de Homero también surgió una de las obras más importantes de la historia de la literatura: Pentesilea, de Heinrich von Kleist, escrita en 1807.

Sobre el autor

No se sabe con certeza si Homero existió realmente. Sin pruebas precisas sobre su existencia, solo se conservan leyendas originadas más tarde. Se cree que el autor de la Ilíada y la Odisea vivió en la Grecia jónica del siglo VIII a.C., en una estrecha franja de Asia Menor que hoy pertenece a Turquía. Se dice que era ciego, pero es probable que le hayan achacado esto por analogía con el cantante ciego Demócodo de la Odisea. Se estima que su ciudad natal es Esmirna, hoy Izmir. Probablemente murió en la isla de Ios. Según la leyenda, Homero presentaba su arte en las ciudades portuarias para entretener y educar al pueblo sencillo. Los filólogos modernos que creen en su existencia consideran que el cantante-poeta que aparece en las epopeyas homéricas debe interpretarse como un autorretrato. Puesto que todos los personajes están al servicio de los nobles, es posible que Homero también haya presentado su arte en entornos aristocráticos. Es el primer poeta del mundo occidental cuyas obras se han conservado por escrito. Las dos grandes epopeyas, la Ilíada y la Odisea, son el comienzo de la literatura griega y, con ello, de la literatura europea. A medida que se profundizaron las investigaciones sobre los textos homéricos, fueron apareciendo más y más contradicciones dentro de la obra. ¿Es posible que Homero, una sola persona, fuera el autor de estos textos? Como fuere, desde hace mucho tiempo se considera posible que el o los autores hayan hecho uso de una larga tradición narrativa y que también hayan tomado algunos episodios de otros cantantes.


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