Resumen de Las 95 tesis

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Las 95 tesis resumen de libro

Clásico de la literatura

  • Religión
  • Renacimiento

De qué se trata

El documento fundacional de la Iglesia evangélica

Cuando Lutero fijó sus tesis en la puerta de entrada de la iglesia del Palacio de Wittenberg, no podía imaginar que con ello cambiaría el rumbo de la historia de la humanidad. Lo que le importaba era hablar públicamente sobre las irregularidades de la Iglesia católica, que desde hacía siglos detentaba una posición de poder y que se estaba autodestruyendo por la corrupción, la codicia y los abusos. En retrospectiva, su provocación es equiparada con el comienzo de la Reforma, que no solo transformó a la Iglesia sino a Europa. Solo unos pocos han leído verdaderamente las tesis de Lutero, pero vale la pena hacerlo. Su estilo cáustico, que deja entrever su postura inclaudicable, no ha perdido fuerza con el transcurso de los siglos. Es un documento fascinante, que nos da la posibilidad de observar el modo en que este renovador radical estructura sus ideas.

Ideas fundamentales

  • La publicación de las famosas 95 tesis de Martín Lutero es considerada hoy en día como el punto de partida de la Reforma.
  • Contenido: Lutero cuestiona la práctica eclesiástica del comercio con las indulgencias y ataca su justificación teológica.
  • De acuerdo con uno de sus contemporáneos, el 31 de octubre de 1517, Lutero clavó sus tesis en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg, para hacerlas públicas.
  • Rápidamente, Lutero se convirtió en el líder espiritual del movimiento reformista.
  • La Reforma trajo aparejado un debilitamiento de la posición de poder de la Iglesia católica y la creación de un segundo culto cristiano.
  • Las tesis de Lutero fueron redactadas primero en latín y, un año más tarde, comenzó a publicar sus escritos en la lengua vernácula.
  • Las tesis son una mezcla de argumentos científicos y teológicos, por un lado, y de polémica de gran efecto público, por el otro.
  • Muchas de las tesis se basan en el dogma eclesiástico tradicional.
  • Lutero fue excomulgado tres años después de haber publicado sus tesis debido a su crítica continua a la Iglesia católica.
  • Cita: “Cualquier cristiano que realmente se arrepienta de sus pecados tiene el perdón de Dios, incluso sin una carta de indulgencia”.
 

Resumen

Necesidad de discusión

Con el objetivo de encontrar la verdad, y bajo la dirección del profesor de teología Martín Lutero, se someterán a discusión las siguientes tesis. Quienes no estén en condiciones de asistir personalmente a los debates, están invitados a comunicar su opinión por escrito.

Tesis 1 a 7: Culpa y arrepentimiento

En el Evangelio según San Mateo, Jesucristo asigna al hombre la tarea de arrepentirse. Los creyentes deben ver su vida entera como un acto de arrepentimiento. En este contexto, el arrepentimiento no debe verse como un sacramento que, como en el caso de la confesión, solo los sacerdotes pueden juzgar. El arrepentimiento del que habla Cristo es algo más que el arrepentimiento interno que cada cristiano debe resolver por sí mismo. El arrepentimiento debe tener un efecto hacia afuera y convertirse en un verdadero arrepentimiento de corazón, que perdure hasta la muerte.

“Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: ´Hagan penitencia´ etcétera (Mat. 4,17), quiso que la vida entera de los creyentes fuera una penitencia”.

El Papa solo puede otorgar una indulgencia a los infractores de las reglas de la Iglesia y de las normas que él mismo ha establecido en su rol de líder eclesiástico. Él solo puede otorgar una indulgencia a los creyentes en nombre de Dios, puesto que él es su representante en la Tierra. Esto significa que los creyentes solo pueden obtener la indulgencia divina a través de la intervención de un sacerdote.

Tesis 8 a 19: La muerte y el purgatorio

Los sacerdotes no están autorizados a fijar cánones penitenciales a las personas moribundas o necesitadas en nombre de la Iglesia. Si lo hacen de todos modos, es porque así lo han aprendido o porque hacen el mal adrede. Por su conducta cabe suponer que los castigos eclesiásticos pueden transformarse en castigos que se pagarán en el purgatorio. Esta idea es incorrecta, pero se extiende como la maleza. Antes, el proceso era el inverso: el sacerdote imponía una penitencia al pecador para que pudiera demostrar que verdaderamente se arrepentía de su conducta. Luego entonces el pecador recibía la absolución. Las personas moribundas recibían siempre la absolución porque, como ya se ha dicho, para ellas ya no rigen las leyes de la Iglesia.

“El Papa no quiere ni puede otorgar indulgencias por castigos, excepto de aquellos que él mismo ha impuesto por decisión propia o de las reglas de la Iglesia”.

Si alguien está a punto de fallecer, y su fe y su amor a Dios no son lo suficientemente fuertes, temerá la muerte. Esta es una situación horrible, llena de miedo y de una sensación parecida a la desesperación. Ese ya es castigo suficiente. El infierno, el purgatorio y el cielo se corresponden con los sentimientos de desesperación, cuasidesesperación y seguridad. Está claro que las almas que se encuentran en el purgatorio necesitan, sobre todo, dos cosas: más amor y menos horror. En ningún lugar hay pruebas de que las almas en este estado son estáticas. Más bien, todavía pueden hacer algo para cambiar su destino. Es posible que algunas de estas almas no sepan que son bienaventuradas.

Tesis 20 a 37: ¿Qué puede hacer una indulgencia y qué no puede hacer?

Cuando el Papa declara una indulgencia total de todos los castigos, solo se refiere a los castigos que él mismo ha impuesto. Sin embargo, hay algunos sacerdotes que afirman que las indulgencias tienen un alcance que excede el ámbito de responsabilidad del Papa. Esto es erróneo. Por ejemplo, en el purgatorio no es posible otorgar una indulgencia por los pecados por los que el creyente debería haber hecho penitencia en vida. Así, solo las mejores personas tendrían verdaderamente la posibilidad de recibir una indulgencia total para todos sus castigos, porque solo tendrían pocas culpas que expiar. Sin embargo, esto solo alcanza a unos pocos. Es decir, la mayoría de las personas son engañadas cuando les prometen la indulgencia total de todos sus castigos.

“Las reglas eclesiásticas sobre la penitencia solo rigen para los vivos, según esto, no es posible indicar penitencia a los moribundos”.

No solo el Papa tiene poder sobre el destino de las almas en el Purgatorio; también lo tienen los obispos y pastores. Pero no porque pueden resolver la indulgencia, sino porque tienen el poder para interceder. Se dice que las almas se libran del Purgatorio cuando pagan suficiente dinero para hacerlo. Pero las indulgencias compradas solo logran que la avaricia y las ansias de ganar se multipliquen. Además, nadie puede decir con certeza que las almas que compraron su liberación, realmente serán aceptadas. Por lo visto, San Severino y San Pascual querían quedarse en el purgatorio.

“Nadie tiene la certeza de la sinceridad de su arrepentimiento, mucho menos si ha obtenido la indulgencia total (del castigo por sus pecados)”.

Nadie podrá saber jamás con certeza si su arrepentimiento fue suficiente. Mucho menos es posible saber si uno realmente ha logrado comprar su absolución. Es necesario protegerse de todas las personas que propagan la idea de la carta de indulgencia como el método para la reconciliación definitiva; pues las indulgencias solo cubren los castigos dados a las personas por infracciones a las reglas eclesiásticas. Es incorrecto querer hacerle creer a las personas que no deben arrepentirse de nada más una vez que cuentan con una carta de indulgencia. Todos los cristianos tienen la posibilidad de recibir la absolución de toda culpa y castigo si verdaderamente se arrepienten, y sin tener que pagar por ello. Dios ha dado a todos los cristianos la misma participación en su Iglesia, tanto en la vida como en la muerte.

Tesis 38 a 48: Indulgencia versus buenas acciones

Más allá de toda crítica en contra del comercio de indulgencias, es necesario recordar que la absolución de los pecados no debe verse como algo completamente malo. La indulgencia es una certificación de que Dios ha perdonado al pecador. Sin embargo, según el dogma cristiano, el exceso de indulgencias no puede ser una buena señal: un verdadero cristiano se arrepiente de corazón y acepta agradecido el castigo por su pecado. Sin embargo, hoy se compran tantas cartas de indulgencia que uno tiene la impresión de que las personas ya no se preocupan por el arrepentimiento, de que, en lugar de amar el castigo, lo odian.

“Todo cristiano que verdaderamente se arrepiente tiene derecho a recibir una indulgencia total de sus culpas y castigos, incluso si no tiene una carta de indulgencia”.

Algunas personas pueden dejarse convencer de comprar una indulgencia en lugar de destacarse por las buenas acciones de amor al prójimo. Es por ello que debería enseñarse claramente que las acciones de caridad siempre superan el valor de las indulgencias. Siempre es mejor ayudar a los pobres o prestarles algo a los necesitados, en lugar de gastar el dinero en indulgencias. Solo con buenas acciones se multiplica el amor y la humanidad se hace mejor.

“Hay que enseñar a los cristianos que a dar a los pobres y a prestar a los necesitados es mejor que comprar una indulgencia”.

Con indulgencias nadie mejora, solo logran liberarse de los castigos. Quien compra una indulgencia en lugar de usar el dinero para ayudar a su prójimo, actúa en contra de la voluntad divina.

Los que tienen suficiente en la vida, en ningún caso deberían malgastar su dinero para comprar una indulgencia; por el contrario, mejor sería usar el dinero para financiar su vida cotidiana. Todo lo demás es un despilfarro. Todo el mundo debería saber que ningún cristiano está obligado a comprar indulgencias. Se trata de una decisión puramente libre. Como contraprestación, lo mejor es dedicarle una oración al Papa en agradecimiento por la absolución de los pecados en lugar de darle dinero por ello.

Tesis 49 a 55: El accionar de los predicadores de la indulgencia

Recibir una indulgencia es una cosa buena, siempre y cuando no nos confiemos en que, por el solo hecho de tener una indulgencia, podemos olvidar el temor a Dios. Seguramente, el Papa se enfurecería si supiera qué métodos utilizan los predicadores de la indulgencia para hacer que las personas les den su dinero. Con certeza no querría que los cristianos entreguen sus últimas monedas para poder construirse una iglesia nueva. Y hasta estaría dispuesto a vender la basílica de San Pedro para ayudar a los pobres a los que los predicadores de la indulgencia les arrebataron sus ahorros.

“Hay que enseñar a los cristianos que, si el Papa supiera de los métodos extorsivos de los predicadores de la indulgencia, preferiría ver arder hasta las cenizas a la basílica de San Pedro antes que dejar que se construya con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas”.

Nadie puede esperar entrar al cielo por el solo hecho de tener una carta de indulgencia, ni siquiera si el mismo Papa se lo promete. Y si en algunas iglesias ya no se predica la palabra de Dios para fomentar la compra de indulgencias, esto no puede ser el deseo de Dios. La misa nunca debería dedicar más tiempo a la indulgencia que a la transmisión del Evangelio. El Evangelio es cien veces más importante que la indulgencia.

Tesis 56 a 68: ¿Qué es el “tesoro de la Iglesia”?

El pueblo no entiende muy bien cómo es que el Papa puede otorgar indulgencias a partir del llamado “tesoro de la Iglesia”. No puede ser que se refiera a los bienes en sentido estricto, pues la mayoría de los clérigos no los entregaría con facilidad. Tampoco puede tratarse de los méritos de Jesucristo y los Santos, puesto que ellos alcanzan a los creyentes sin la intervención del Papa. Según San Laurencio, el tesoro de la Iglesia son “sus pobres”, pero él utilizaba el término con un sentido diferente al que hoy conocemos.

“El verdadero tesoro de la Iglesia es el Sagrado Evangelio de la magnificencia y de la misericordia de Dios”.

Por tesoro de la Iglesia se entiende más bien la “llave de la Iglesia”, que esta recibió por el sacrificio de Jesucristo. Pero el mayor tesoro de la Iglesia es el Evangelio, que habla de la misericordia y de la gloria de Dios. Este tesoro hace que los primeros sean los últimos, mientras que la indulgencia hace que los últimos sean los primeros.

“Esta desvergonzada prédica sobre la indulgencia hace difícil para los estudiosos proteger la imagen del Papa frente a las críticas malintencionadas y las preguntas mordaces de los laicos”.

No debe sorprender, pues, que sea tan codiciada. El Evangelio puede atrapar en sus redes incluso a las personas ricas y hacer que ingresen al cristianismo, pero la indulgencia solo atrapa la riqueza. Solo beneficia a los predicadores de la indulgencia, que tienen en sus manos un negocio lucrativo.

Tesis 69 a 80: ¿Por qué hay que actuar en contra de los predicadores de la indulgencia?

Los obispos y sacerdotes deben apoyar a los comisarios designados por el Papa para otorgar indulgencias. Pero hay que controlar de cerca a los predicadores de la indulgencia e impedir que desparramen mentiras. El anatema del Papa los alcanzará.

“¿Por qué el Papa, que hoy es más rico que el más rico de los Craso, no puede construir al menos una Iglesia de San Pedro con su propio dinero en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?”.

Es una estupidez afirmar que la indulgencia papal podría liberar a un pecador de todas sus culpas, incluso si hubiera atacado a la mismísima madre de Dios. La indulgencia papal no podrá jamás, ni siquiera en los casos más mínimos, absorber los pecados y hacerlos desaparecer. Se dice que la indulgencia es el mayor obsequio que puede hacer el Papa, y que ni el mismo Pedro podría haber hecho un obsequio más grande. No es cierto: el Papa tiene el Evangelio y, según las cartas de los Corintios, también tiene el poder de sanar. Estos son dones aún más grandes. Se afirma que la cruz de la indulgencia, que por estos días cuelga en muchas iglesias, puede compararse con la cruz de Cristo. Los obispos, sacerdotes y teólogos que permiten estas blasfemias deberían ser castigados.

Tesis 81 a 95: Cuestionamientos al Papa

La conducta de los predicadores de la indulgencia ha llevado cada vez con más frecuencia a que las personas responsabilicen al Papa por su conducta. Se vuelve cada vez más difícil defender al líder eclesiástico. Entre las preguntas mordaces que se formulan se encuentra, por ejemplo, por qué el Papa no libera todas las almas del purgatorio, simplemente por amor a los más necesitados. En lugar de eso, recoge el dinero que recibe para liberar las almas y construye con él una Iglesia desventurada. Uno podría preguntar por qué siguen celebrándose misas para los difuntos, si la liberación de sus almas ya fue comprada y ya no necesitan oraciones. ¿Por qué el Papa no devuelve el dinero donado para estas misas? ¿Por qué un hombre sin Dios puede comprar la libertad de su alma, pero el Papa no puede liberarla por su solo deseo de hacerlo?

“Por ello, deben desaparecer todos los profetas que predican a los cristianos: ´Paz, paz´ cuando no hay paz”.

Algunos críticos también se preguntan por qué el Papa no usa por una vez su propio dinero para construir una iglesia, si es lo suficientemente rico como para hacerlo. ¿Y qué pasa con esas raras personas que muestran total arrepentimiento? ¿Qué indulgencia puede otorgar el Papa o qué puede darles, si tienen derecho a recibir una indulgencia total? ¿Por qué el Papa, que por estos días otorga indulgencias una vez por día, no puede multiplicar esta acción y garantizar indulgencias a todos los creyentes?

“Es imprescindible animar a los cristianos a esforzarse por seguir a Cristo, su líder, a pesar de los castigos, la muerte y el infierno; y a confiar en que entrarán al cielo después de muchas tribulaciones, en lugar de tranquilizarse con una falsa seguridad espiritual”.

Estas preguntas básicas pueden resultar difíciles de responder, incluso para los estudiosos. Pero no es posible ignorarlas: Si no se encuentran argumentos decisivos en contra de estos reproches, quedamos en manos de los enemigos de la Iglesia y del cristianismo. Sin embargo, sería muy sencillo cortar las alas de los críticos: utilizando la indulgencia de acuerdo con las enseñanzas cristianas. Por eso, debemos exhortar a detener y expulsar a los falsos profetas. A los creyentes debería volver a transmitírseles que al cielo se llega por un camino de tribulaciones, castigos y muerte, y no con indulgencias y falsas esperanzas.

Acerca del texto

Estructura y estilo

Las 95 tesis de Lutero abordan diferentes cuestiones sobre el tema de la indulgencia. En cada caso, varias tesis constituyen un bloque argumentativo. A pesar de que de este modo Lutero respeta las costumbres académicas, el estilo irónico y en parte polémico de sus tesis permite suponer que, desde un principio, estuvieron pensadas para la opinión pública en general. Ciertamente, Lutero sabía que su exhorto no solo desencadenaría una discusión técnica sino también un clamor de indignación.

Lutero tuvo esto en cuenta al formular en ellas su crítica, indicando y poniendo las preguntas críticas hacia el final del texto en boca de laicos ignorantes del tema. Sin embargo, en la mayoría de los casos, es claro el modo en que quiere que sus palabras se lean. En muchas de las afirmaciones críticas – y a pesar de la seriedad del tema – hay rastros de humor. El hecho de que las tesis hayan sido formuladas originalmente en latín y de que Lutero aborda cuestiones teológicas de amplio alcance en forma sintética hacen que para el lector actual sea casi imposible leer las tesis sin la ayuda de comentarios.

Enfoques interpretativos

  • Para estas 95 tesis es central el concepto de penitencia, que Lutero comprende de una manera completamente diferente a la opinión religiosa imperante: según Lutero no es posible hacer desaparecer los pecados obteniendo la misericordia divina por medio de una indulgencia, sino que, por el contrario, es necesario entender la vida como una penitencia continua.
  • La injusticia y las prácticas extorsivas de la Iglesia católica frente a sus creyentes nunca fue tan clara como en el comercio de las indulgencias. Lutero eligió conscientemente este tema en particular para ejercer una crítica general a la corrupción de la Iglesia. Sus tesis también van más allá de la indulgencia, por ejemplo, cuando reflexiona sobre lo abyecto de la acumulación de riquezas o sobre el sentido y la finalidad del purgatorio.
  • Los reproches de Martín Lutero por la codicia y los abusos de poder son un ataque oculto al Papa. No solo están dirigidos a los comerciantes de indulgencias sino, entre líneas, contra todo el cuerpo sacerdotal, incluidos su instancia máxima.
  • El hecho de que la disputa por las indulgencias tuviera consecuencias tanto más allá de la mera disputa teológica se debe a que en ella no solo se reflejaba la realidad eclesiástica de la época, sino también la realidad política, económica y social.
  • Las tesis son el resultado de la confrontación de la palabra divina, tal como aparece en las escrituras sagradas, con la realidad de la práctica religiosa. En algunos casos, el contraste es tan radical que Lutero no necesita hacer una denuncia específica.
  • Ya en tiempos de la presentación de sus tesis, el principal objetivo de Lutero era la “desacademización” de las escrituras cristianas, es decir, lograr que los textos y las leyes de la Iglesia fueran comprensibles para el hombre común. ¿Qué es, por ejemplo, el misterioso “tesoro de la Iglesia”, del que hablan los predicadores de la indulgencia? Más tarde intentó ofrecer a los hombres un acceso directo a la palabra de Dios por medio de la traducción de la Biblia al alemán.

Antecedentes históricos

La fe y la Iglesia a comienzos del siglo XVI

A finales del siglo XV y a comienzos del siglo XVI, la devoción cristiana se extendía por todos los ámbitos de la vida: las peregrinaciones, la compra de indulgencias, la adoración de santos y reliquias eran prácticas muy asiduas. La Iglesia Católica tenía una enorme influencia en la política y en todas las áreas de la vida pública. Como consecuencia de una creciente comercialización de la fe, también la crítica empezó a expandirse. La Iglesia perdía cada vez más su credibilidad a medida que sus representantes anteponían más y más su codicia personal y su cálculo económico. Sin embargo, la mayoría de los críticos no tenían como objetivo la eliminación de la Iglesia como institución, solo expresaban su deseo de renovarla. Uno de los más importantes representantes de esta corriente era el humanista holandés Erasmo de Rotterdam, que con su obra El elogio de la estupidez (1511), presentaba las principales críticas a la Iglesia de su tiempo y propagaba una nueva devoción y un regreso a las virtudes cristianas.

El comercio de las indulgencias tenía sus raíces en el hecho de que los hombres mostraban su arrepentimiento por los pecados cometidos a través de la penitencia y, como signo externo de ello, por ejemplo, hacían una donación a los necesitados. Con el paso de los años, esto se desarrolló hasta convertirse en una rama económica en sí misma: a campo de montos de dinero, que reemplazaban la penitencia, se podían comprar cartas de indulgencia. Desde el punto de vista teológico, se justificaba el poder de la Iglesia para otorgar indulgencias, en el hecho de que contaban con el llamado “tesoro de la Iglesia”, que no era otro que los méritos de Jesucristo y de los santos. Este tesoro de misericordia que administraba la Iglesia, podía ser entregado parcialmente en forma de indulgencias.

Origen

En 1512, Martín Lutero comenzó a dar clases de teología en Wittenberg y, en sus cursos se concentró sobre todo en la exégesis bíblica, es decir, en la estructura de las Escrituras Sagradas. Obtuvo un gran impulso a través de los textos de San Agustín, sobre cuya base, y en rechazo de la opinión escolástica generalizada, desarrolló su idea teológica de la misericordia y de la preocupación por las almas. Durante sus investigaciones, Lutero se vio obligado a reconocer cada vez con más frecuencia los abismos existentes entre la enseñanza católica de su tiempo y el contenido real de la Biblia. El último desencadenante de las tesis de Lutero fue el hecho de que, bajo el mandato de Julio II y Leo X, la indulgencia papal fue utilizada –malgastada, para muchos– para la financiación de la Iglesia. Uno de los predicadores de la indulgencia más famosos y más inescrupulosos era Johann Tetzel, un monje dominicano del que se decía que incluso podía conseguir una indulgencia a alguien que había abusado de la mismísima madre de Dios. Tetzel y otros predicadores de la indulgencia reconocían, claro está, que muchas de las tesis de Lutero estaban dirigidas a ellos. Por eso, no sorprende que, tras su publicación, los dominicanos hayan sido los primeros en iniciar un proceso por herejía.

Influencia

De acuerdo con su colega, Philipp Melanchthon, Lutero publicó sus tesis el 31 de octubre de 1517 colgándolas en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg, que por esa época era utilizado como una especie de tablero de anuncios. Los científicos no han logrado ponerse de acuerdo hasta hoy si esto sucedió así realmente o no. Lo que sí se sabe es que las tesis efectivamente fueron publicadas en ese tiempo: Lutero las envió a selectos dignatarios eclesiásticos (el arzobispo de Mainz y los obispos de Brandenburgo y Merseburgo), así como a un grupo de íntimos que rápidamente las difundieron en todo el territorio. Al año siguiente, retomó el tema en un comentario escrito en latín y en el texto Sermón sobre la indulgencia y la misericordia, formulado en alemán. Este último se convirtió en un verdadero éxito y puso en marcha el debate sobre el comercio de las indulgencias.

En este sentido, las tesis solo fueron una probada, un primer acercamiento a la opinión pública. Lo que siguió sacudiría los sólidos cimientos de toda Europa. Lutero rápidamente descartó la posibilidad de renovar la Iglesia católica desde adentro, generando así diferencias irreconciliables con el humanismo y, con Erasmo, su representante contemporáneo más importante, con quien tenía contacto epistolar. A partir de 1520, comenzó a desarrollar su modelo opuesto a la Iglesia católica y detalló su forma de comprender los sacramentos cristianos y la libertad de los cristianos. De este modo sentó las bases fundacionales de la Iglesia evangélica, pero también dio inicio a una de las luchas más largas y sangrientas de la historia europea, cuyo punto cúlmine sería la Guerra de los Treinta Años (1618-1848)

Sobre el autor

Martín Lutero nace el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, en el seno de la familia conformada por la burguesa Margarethe y el minero Hans Luder. Su familia materna le granjea el camino hacia una educación superior: asiste a la escuela en Mansfeld, Magdeburgo y Eisenach. En enero de 1505 finaliza en Erfurt sus estudios generales en humanidades, para iniciar luego un estudio en abogacía. En julio de 1505, un hecho cambiará para siempre la vida de Lutero: por miedo a morir, decide convertirse en monje e ingresar al monasterio agustino de Erfurt. A partir de ese momento, estudia teología en Erfurt y Wittenberg. Tras obtener su doctorado, en octubre de 1512, recibe un nombramiento como profesor en Wittenberg. En octubre de 1517 formula las famosas 95 tesis, que darán inicio a la batalla por la indulgencia. A partir de 1518, Lutero empieza a publicar con éxito textos reformatorios en lengua vernácula, por lo que es citado por un tribunal eclesiástico frente al que se niega a retractarse. En 1520, el Papa Leo X lo excomulga de la Iglesia por herejía. En todo el país queman los escritos de Lutero en hogueras. El monje rebelde reacciona quemando públicamente el texto de derecho canónico y la bula papal de excomunión y acusando al Papa de herejía. En la Dieta de Worms de 1521, Lutero se niega a retractarse ante el Emperador y queda alojado durante casi un año en el castillo de Wartburg, donde comienza a trabajar en la traducción al alemán de la Biblia, sentando las bases para el alemán moderno. Poco después contrae matrimonio con Katharina von Bora, una monja que había escapado de un monasterio. Juntos tienen seis hijos. Entre 1525 y 1529, el movimiento reformatorio amenaza con disolverse debido a las disputas internas. Después de esto, Lutero viaja por el país y visita Kursachsen y Coburg. En 1534, se publica por primera vez la Biblia completa de Wittenberg. Martín Lutero muere el 18 de febrero de 1546 en Eisleben y sus restos son inhumados en la iglesia del palacio de Wittenberg.


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