Resumen de Tao Te Ching

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Tao Te Ching resumen de libro

Clásico de la literatura

  • Filosofía
  • Antigüedad

De qué se trata

La biblia del taoísmo

El Tao Te Ching es una obra temáticamente versátil, ya que cubre varias áreas de la convivencia humana. Su tono es, por lo general, escéptico. Lao Tse no proclama sus juicios como verdades irrefutables y desconfía del concepto de saber. Así, la mayoría de los capítulos del Tao Te Ching son vagos en cuanto a su significado y dejan abiertas diversas posibilidades de interpretación. Las alegorías suceden a aforismos ambiguos; en lugar de declaraciones claras, el lector recibe estímulos para reflexionar. Precisamente esta apertura a diferentes interpretaciones constituye el atractivo de la obra y ha provocado el entusiasmo de los lectores del Tao Te Ching de diversos círculos culturales, religiones y épocas. La única área temática en la que Lao Tse es claro y, en ocasiones, incluso apasionado, es la de la guerra y la violencia: no hay ni un asomo de escepticismo cuando condena el uso de las armas y pide a los gobernantes que utilicen la violencia y la guerra solo como último recurso. Este elemento del Tao Te Ching hace que Lao Tse surja como un pensador que estaba muchos siglos adelantado a su tiempo y que todavía tiene mucho que decir a los lectores actuales.

Ideas fundamentales

  • El Tao Te Ching es el texto más importante del taoísmo y una de las obras más leídas de la filosofía del Lejano Oriente.
  • Contenido: El Tao es el camino que conduce a la iluminación y a una vida tranquila y pacífica. Al mismo tiempo el Tao es el origen de todos los seres y la unidad de los opuestos. El modo taoísta se caracteriza por la compasión, la moderación, la renuncia a la actuación humana y el rechazo a la violencia.
  • Se sabe muy poco de la biografía de Lao Tse. Además, en la investigación, su autoría del Tao Te Ching es controvertida.
  • El Tao Te Ching es la base de la escuela y la religión taoístas.
  • Muchos de los elementos del taoísmo –la meditación, la unificación con lo divino– se tomaron del budismo.
  • Más recientemente las iglesias cristianas también han descubierto estímulos para reflexionar y ejercicios del taoísmo apropiados para ellas.
  • La cantidad casi inabarcable de ediciones y traducciones de la obra prueba la fascinación que se ha mantenido intacta hasta el día de hoy.
  • Sin embargo, la popularidad también está acompañada de muchos malentendidos en la recepción y, en ocasiones, de interpretaciones arbitrarias.
  • Hasta la fecha no existe unanimidad en la investigación respecto a la traducción de los conceptos centrales del Tao Te Ching.
  • Cita: “El camino se oculta, / pero siempre está presente. / No sé de dónde viene. / Es la imagen original del origen del cielo”.

Resumen

El camino

No podemos ver lo eterno. Solo podemos vivir sin deseos y con moderación y, de esa manera, reconocer la maravilla del camino, que es un recipiente vacío del que siempre se puede sacar más y, por eso, es inagotable. Está oculto y, sin embargo, siempre está ahí como la imagen del origen del cielo. El principio de todo ser es invisible, inaudible e inconcebible, pero penetra todo. Aunque el camino es inimaginable, las personas lo han estado siguiendo desde el comienzo de los tiempos. Conocen su nombre y saben que causa el comienzo de todas las cosas. Los que siguen el camino se vuelven uno con él. A quien vive virtuosamente, la virtud lo acoge con amabilidad; quien pierde la virtud, se vuelve uno con la pérdida. Solo aquellos que confían en sí mismos confían también en otros.

“El camino del que podemos hablar / no es el verdadero camino; / el nombre que le podemos dar / no es su verdadero nombre””.

Existen cuatro fuerzas en el universo: el humano, la tierra, el cielo y el camino. Uno sigue al otro, solo que el camino es una fuerza en sí mismo que sigue su propia naturaleza. El camino es un ser que estaba ahí por encima de todo; es tan grande que no se puede reconocer. Aunque creó todo, no aspira al poder y la grandeza.

Seguir el camino

Quien sigue el camino no necesita la moral; es virtuoso sin tener que esforzarse para ello. La moral resulta de la pérdida del camino, es una forma atrofiada de la virtud que solo lleva a la confusión. Su existencia muestra que la confianza y la lealtad entre las personas se han perdido.

“El camino se oculta, / pero siempre está presente. / No sé de dónde viene. / Es la imagen original del origen del cielo””.

Cualquiera que siga el camino debe guardar tres tesoros: compasión, moderación y renuncia a la gloria. Solo quien es compasivo con otros es valiente, solo aquel que es moderado es generoso, solo que aquel que no aspira a la gloria y al prestigio puede ser un ejemplo y guía para otros.

El camino del cielo siempre busca el equilibrio: hay que quitar algo a los que tienen demasiado para que aquellos que tienen muy poco tengan suficiente. El camino de la gente es lo opuesto: mientras que algunos acumulan cada vez más posesiones, otros tienen cada vez menos. Quien sigue el camino del cielo regala todo lo que no necesita para sobrevivir. Seguir el camino también significa cultivar el no obrar. Todos los días se debe hacer y actuar menos, no interferir en las cosas. Hacer demasiado solo puede ser dañino. Por el contrario, al no obrar, se puede lograr que todo esté en orden por sí mismo.

Conocimiento y verdad

A menudo, no hay una gran diferencia entre dos puntos de vista diferentes. Por lo general, no importa si la respuesta a una pregunta es sí o no. Por eso hay que permanecer ignorante y suprimir el estudio. Pero si se tienen conocimientos, es mejor callarse y dar preferencia al silencio.

“Volver a su destino significa conocer la eternidad. / Conocer la eternidad significa ser iluminado””.

La verdad con frecuencia parece una contradicción y, por lo general, no suena bien. En cambio, lo que suena bien por lo general no es cierto.

El sabio

El sabio nunca se pone en primer plano, sino que se repliega. En lugar de dañar a otros con palabra y hechos, decide no obrar y guardar silencio. Al renunciar a sí mismo está delante de los demás; al olvidarse de sí mismo, puede encontrarse a sí mismo. El sabio posee poco, se vacía a sí mismo y se somete a los demás, en lugar de darse importancia. Por eso es reconocido, apreciado y muy respetado. No tiene que viajar muy lejos para saber algo del mundo y entender el camino; cuanto más sale al mundo, menos comprende. Cuando el sabio pronuncia discursos, señala los errores sin ofender a nadie.

La iluminación

Quien aspira al vacío interior y se sumerge en el silencio regresa a su destino y reconoce lo eterno. Esta iluminación conduce a la justicia y al camino del cielo. Aquel que se reconoce a sí mismo muestra verdadera fuerza y se supera a sí mismo. Pero quien anhela más provoca su propio mal; cualquiera que cometa violencia contra otro se opone al camino.

La unidad de los opuestos

Solo porque conocemos lo feo, podemos apreciar lo bello. El ser nace del no-ser y todos los opuestos son mutuamente dependientes. El camino une todos estos opuestos. Todas las cosas remiten a él y, sin embargo, no necesita posesiones ni poder ni quiere que le agradezcan. También dentro de nosotros debemos unir los opuestos y buscar la unidad. Para eso debemos conservar por igual lo masculino y lo femenino, la luz y la oscuridad, el honor y la vergüenza.

“Muestra lo sencillo y aprópiate de la esencia / del bloque de madera en bruto, / reduce tu egoísmo / y no hagas caso de los anhelos””.

Solo la interacción de los opuestos genera las cosas de este mundo. Todas estas regresan en una dirección. Por consiguiente, a veces se gana cuando se pierde algo, o se pierde cuando se gana algo.

La nada es tan importante como las cosas que están: una casa es habitable solo cuando se abre y, así, por sus espacios vacíos, una vasija es útil por la cavidad en su interior. Por eso es que lo que no está es tan importante como lo que sí está.

La humildad

Todo exceso inevitablemente conduce a lo malo: a quien tiene mucho, le roban; al que aspira a una alta estima, se queda decepcionado. Por esta razón es mejor llenar el vaso solo hasta la mitad para mantenerse humilde. Esto corresponde al camino del cielo. Demasiado ajetreo y lo muy difícil de alcanzar confunden el espíritu y el corazón. Hay que conformarse con lo que se tiene. Quien se vanaglorie o se jacte de sus actos no obtendrá gloria y reconocimiento del exterior. En lugar de ponerse adornos falsos como la bondad o el ingenio, hay que tomar un bloque de madera en bruto como modelo y vivir de manera simple, sencilla y humilde. Porque el mayor crimen es el deseo, el mayor mal, la insaciabilidad y la mayor desgracia, la codicia. Solo quien está satisfecho con lo que tiene siempre tiene suficiente.

“¿Quieres poseer el mundo entero? / ¿Crees que puedes mejorar el mundo? / No creo que eso sea posible. / El Universo es sagrado tal como es. / No lo puedes mejorar””.

No se puede mejorar el mundo entero, porque es sagrado tal como es. El que intente mejorar el universo lo destruirá. Si uno sigue el camino, nota primero su propia virtud. Eso hará que luego la familia, el pueblo, el país y el mundo sean virtuosos.

La guerra y las armas

Un líder sabio no intenta intimidar a otros con las armas, porque con eso solo provocaría un contraataque. La guerra trae inconvenientes para todos los implicados: devasta el país. Por eso una buena persona solo recurre a la violencia si no se puede evitar. Cuando una persona fuerte ejerce violencia contra una débil, se vuelve en contra del camino. Las armas siempre traen desgracias. Si se ve uno obligado a usarlas, no hay que sentir alegría ni estar contentos con la victoria. Una guerra nunca es motivo de alegría, sino que es como un funeral. En lugar de dar gritos de júbilo, hay que llorar a las víctimas.

“Las armas son instrumentos del mal / y deben ser odiadas por todas las criaturas. / Por eso, quien sigue el camino / no aprueba su uso””.

La renuncia a la lucha, la violencia y la venganza es una virtud. Cualquiera que desee liderar a otros debe poseer tal virtud. Quien esté en pie de guerra con otro país nunca debe iniciar un ataque, sino solo defenderse con el corazón dolorido. Se puede mostrar fuerza incluso sin armas.

El crimen y el castigo

La gente solo comete crímenes cuando las cosas que no puede tener se le presentan como deseables. Cuando las personas no ansían prestigio o riqueza, cuando tienen lo suficiente para comer y vivir, el orden de un país se mantiene espontáneamente. Las leyes y prohibiciones solo llevan a que los pueblos se vuelvan cada vez más pobres. Cuanto más severamente se castigue a la gente, más inquieta e insidiosa se vuelve y es más susceptibles de cometer más crímenes.

“…cuando dejo de anhelar y guardo silencio, / el mundo espontáneamente / entra en un estado de tranquilidad y paz””.

Muchas personas le temen a la muerte. Por eso los gobiernos castigan con la muerte a los malhechores. Sin embargo, llevar a la muerte a alguien es la tarea de un poder natural y no de un Estado. Al imponer la pena de muerte, los gobiernos se arrogan un poder que en realidad no tienen.

El gobernante sabio

También los gobernantes deben aspirar a la simplicidad y la sencillez y ser como un bloque de madera en bruto. Cuando no se entrometen en la vida del pueblo y le dan órdenes, los obedecerán por iniciativa propia. No deberían tener anhelos y deberían buscar el silencio para que puedan reinar la paz y la tranquilidad en el mundo.

“Cuando renuncias a algo, puede ser una ganancia / y cuando ganas algo, puede ser una pérdida””.

Los gobernantes que no siguen el camino acumulan tesoros en sus palacios, mientras el pueblo pasa hambre. Se adornan, disfrutan de la vida y tienen más de lo que necesitan. Pero el lujo y la fastuosidad son banales y no hacen de los gobernantes alguien mejor que los ladrones. Así que, en lugar de adular a los gobernantes con regalos y halagos, hay que señalarles el camino por su propio bien y sugerirles humildad y moderación.

“Soy bueno con aquellos / que son buenos, / pero también soy bueno con aquellos / que no son buenos, / porque así incremento la bondad””.

Un gobernante sabio es humilde y se queda en segundo plano, en lugar de oprimir a las personas. Si no busca competencia, no tendrá competidores. El mejor país es pequeño y tiene pocos habitantes. Ciertamente tiene armas, pero no las utiliza. Sus habitantes están satisfechos con lo que tienen y no ansían irse lejos.

“El palacio está lleno de tesoros, / en los campos proliferan las malas hierbas / y los graneros están vacíos, / pero los señores visten ropa lujosa… / Ciertamente, no es el camino””.

Es mejor que el pueblo siga siendo tonto; cuando es inteligente, es más difícil de gobernar. Esto es lo que ya han sostenido los antiguos maestros: hablaron con acertijos y mantuvieron en la ignorancia a la gente.

Vivir planificadamente

Todo lo grande nació en algún momento de algo pequeño; todo lo difícil, al principio fue fácil. Por eso se deben empezar las cosas mientras sigan siendo pequeñas y fáciles. Los planes previsores facilitan el trabajo: el árbol crece de una semilla pequeña, pero finalmente se vuelve tan grande que ningún ser humano puede abarcarlo. Lo mejor es preocuparse por las cosas antes de que ocurran y poner orden antes de que se desordenen. El sabio identifica las dificultades antes de que sucedan y, por eso, casi no las encuentra.

La compasión

El sabio se preocupa por todas las personas, incluso por las malas. También hay que ser bueno con los que no son buenos para aumentar la bondad en el mundo. Asimismo, también hay que confiar en los sospechosos para que haya más confianza en el mundo.

Lo suave y lo rígido

De pequeñas las personas son suaves, e incluso las plantas son tiernas cuando son jóvenes. Pero en la vejez y la muerte, ambos se vuelven duros y rígidos. Ser rígido significa estar cerca de la muerte, mientras que lo tierno y flexible está cerca de la vida. Lo suave consigue la victoria. El mejor ejemplo es el agua: es flexible y suave y, sin embargo, puede horadar y mover rocas. A pesar de que todos saben que, en este sentido, lo suave es más fuerte que lo duro, a nadie parece importarle.

Acerca del texto

Estructura y estilo

El Tao Te Ching consta de 81 secciones que, por lo general, abarcan solo unas pocas oraciones, y se divide en dos partes principales. La primera parte contiene 33 secciones y la segunda, 44. En la primera parte se explican los principios filosóficos fundamentales y, en la segunda, su aplicación práctica. Por lo demás, falta un orden temático claro, aunque en algunos casos, los temas similares se suceden. El trabajo es una colección de sentencias religiosas, sobre todo parábolas, y conclusiones lógicas sobre la vida, que desempeñan un papel especial. A menudo los teoremas asumen la forma de acertijos o contradicciones aparentes que requieren una contribución activa del lector para descifrarlos. Por estas razones el Tao Te Ching se presta poco para una lectura superficial; más bien es adecuado para un trabajo reflexivo en varias etapas.

Planteamientos de interpretación

  • El Tao Te Ching es, en primer lugar, un escrito de revelación religiosa: se describe el Tao (el camino o el ser más elevado; no hay consenso respecto a la traducción) y, a continuación, los modos de actuar y las creencias que se derivan de su existencia.
  • En el escrito predomina un tono escéptico: Lao Tse no afirma haber reconocido y comprendido el camino, ni mucho menos poder explicárselo a otros. En general, Lao Tse desconfía de la capacidad humana para el reconocimiento y el saber.
  • Por tanto, de sus enseñanzas no surgen reglas estrictas o leyes que prohíban ciertos actos o formas de vida. Lao Tse únicamente muestra las consecuencias de ciertas acciones que se encuentran o no en armonía con el camino. Un ejemplo: “Los violentos no mueren por causas naturales”.
  • Los teólogos cristianos, protestantes y católicos han reconocido en el Tao Te Ching numerosos paralelismos con el Nuevo Testamento; por ejemplo, Jesús se inclina más por los débiles y mansos, que por los fuertes y duros. Y el amor al prójimo cristiano se parece a la filantropía propagada en el Tao Te Ching.
  • El elemento central de todos los consejos políticos del Tao Te Ching es el pacifismo; aun cuando un país tenga un ejército, Lao Tse no recomienda utilizarlo. La violencia solo debe emplearse si no se ve ninguna otra posibilidad. Las secciones en las que Lao Tse habla de la violencia armada y la guerra son las únicas en las que el pensador, que se esfuerza por el equilibrio y el silencio, muestra entusiasmo.
  • El objetivo máximo del taoísmo es la unificación con el Tao. Esto se logra al no hacer nada, mediante el silencio y la moderación. La imagen ideal aquí es el “bloque de madera en bruto”. Lao Tse propaga con esto una vida sencilla, sin esfuerzos considerables de cultura o progreso.
  • Hoy día se prefiere la ortografía “Daodejing”. Literalmente significa “El libro del Dao y su fuerza”.

Antecedentes históricos

La filosofía en la antigua China

Hasta el siglo VII a. de C., China era un conglomerado feudal de estados más pequeños, cada uno de ellos gobernado por un rey y una clase noble. Poco a poco se fueron uniendo los 170 reinos, hasta que, al final, solo había siete. Durante ese tiempo cada vez más miembros de la aristocracia descendieron a la nueva clase media que surgió. La propiedad de la tierra pasó a manos de los agricultores. Este cambio social –que tuvo como resultado un debilitamiento significativo, si no es que también la eliminación del abismo entre la nobleza y la población– fue impulsado por numerosos pensadores del siglo VII a. de C.

La disolución del antiguo sistema feudal y la ruptura de las estructuras tradicionales detonaron nuevas corrientes filosóficas. Se planteaba la pregunta de cómo la convivencia en la sociedad podía resolverse de manera pacífica y justa. La búsqueda de valores fundamentales se convirtió en el tema central de la filosofía. El pensador más famoso de esa época y de la doctrina del Lejano Oriente fue, sin duda, Confucio (en realidad Kong Fu Zi, 551-479 a. de C.). Convirtió al humano y su relación con los demás en el centro de interés de sus reflexiones y desarrolló un manual orientado hacia la virtud. Junto con este cambio filosófico, en los siglos VII y VI a. de C., se promulgaron las primeras leyes documentadas. A diferencia de los filósofos occidentales de la Antigüedad, los filósofos chinos dejaron de lado temas como la metafísica, la ontología y la famosa pregunta sobre el significado de la vida. Todo esto figuraba entre las circunstancias externas que, simplemente, tenían que darse por sentadas. Los indicios de un conflicto con las consecuencias divinas o cósmicas del comercio humano solo se pueden encontrar a partir del siglo III a. de C.

Origen

Según las crónicas antiguas, el Tao Te Ching fue escrito por Lao Tse en el siglo VI a. de C. Sin embargo, algunas alusiones del contenido respecto a la escuela de Confucio y los seguidores de la escuela de derecho sugieren que la obra surgió apenas en el siglo IV a. de C. y que se le atribuyó erróneamente a Lao Tse. De ahí se puede suponer que el Tao Te Ching es un resumen de la sabiduría antigua con algunas adiciones recientes.

El tema de la introspección y las instrucciones religiosas que conducen al Tao utilizan numerosas propuestas de religiones populares chamánicas anteriores. Zhuangzi, quien probablemente vivió en el siglo IV a. de C., retomó elementos muy similares y elaboró otro escrito central sobre el taoísmo en una obra de su propia autoría. Puede haber sido un precursor para algunas secciones del Tao Te Ching.

Historia de la influencia de la obra

La diversidad de posibilidades interpretativas, la atractiva forma literaria y el abierto escepticismo frente a las reglas de vida establecidas le concedieron una rica historia de recepción al Tao Te Ching. En los siglos posteriores a su publicación, sobre su base y sobre la base de otros textos taoístas, se formó la escuela taoísta. Finalmente, desembocó en una religión popular propia que declaró santo a Lao Tse.

También en Occidente el Tao Te Ching encontró muchos lectores entusiastas y, en general, se considera una de las obras más traducidas. Sin embargo, la doctrina taoísta siempre ha estado a la sombra de su gran rival, el confucionismo, una doctrina mucho más secular y caracterizada por estrictas normas éticas. Muchos elementos del Tao Te Ching –la meditación, la unificación con la divinidad– fueron tomados del budismo zen.

Hasta el día de hoy el Tao Te Ching sigue siendo uno de los escritos más influyentes e impresionantes de la filosofía del Lejano Oriente. Pero la inmensa cantidad de ediciones y traducciones, que a veces difieren significativamente entre sí, es prueba de la fascinación que emana de esta obra. Todavía hay descuerdo respecto a la traducción e interpretación de muchos conceptos del Tao Te Ching, así que los malentendidos y las interpretaciones arbitrarias son frecuentes. Desde tiempos inmemoriales el texto ha atraído a los marginados y fracasados. Según sus biógrafos y sus propias declaraciones, el propio Lao Tse era uno de ellos. Más recientemente, el Tao Te Ching, entre otros, fue recibido animadamente en la resistencia contra los nazis, algunas citas de Lao Tse se pueden encontrar en los folletos de la “Rosa Blanca”. Numerosos pensadores y autores del siglo XX, entre ellos Elias Canetti y Peter Handke, se han ocupado del Tao Te Ching. Del dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht procede el poema Leyenda en torno al origen del libro Tao Te King, escrito por Lao Tse en el camino de la emigración.

Sobre el autor

Sobre Lao Tse (o Laozi) casi no se sabe nada. La única biografía que se conserva se remonta al historiador de la corte Sima Quian (145-90 a. de C.). Según esa biografía Lao Tse vivió en el siglo VI a. de C. en el estado sureño de Zhou. Su nombre de nacimiento era Er Li o también Lao Dan. Trabajaba como archivero en la corte de Zhou, donde, según dicen, lo visitó Confucio, que veneraba a Lao Tse como maestro. Después de un largo tiempo en la corte e iniciarse en el Tao, Lao Tse emigró a la frontera noroccidental del imperio chino, donde le pidieron que escribiera su sabiduría. El resultado fue el Tao Te Ching, donde discute el significado del Tao y de la virtud y se describe a sí mismo como un eterno marginado: “Pero sigo a la deriva, solo, / sin saber quién soy, / como un niño recién nacido, / antes de aprender la primera risa. / Estoy solo y no tengo ningún lugar / al que pueda ir” (Sección 20). Después del escrito, se marchó y nadie supo a dónde. Según otras tradiciones Lao Tse tenía 200 años. Hoy día se supone que la figura de Lao Tse más bien se asienta en el ámbito de las leyendas y que, en sus diversas tradiciones, se agrupan las biografías de diferentes personas. No hay consenso sobre el significado del nombre Lao Tse o acerca de si él fue el único autor del Tao Te Ching. Todavía hoy Lao Tse es venerado por los seguidores de la escuela taoísta como el fundador divino de su religión.


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